
Falta de dólares y recesión, lo de siempre

Ha surgido naturalmente del proceso electoral vivido recientemente la urgente y necesaria reformulación del poder político instaurado en la Argentina, para poder impulsar una estrategia que sustituya el modelo asistencialista por trabajo genuino. A través de una multiplicación de las exportaciones, mediante la aplicación de la economía del conocimiento, del sistema productivo, de todo aquello que venimos hablando.
Hablamos semanas pasadas, si era posible una alianza entre la producción y el trabajo, la respuesta es sí.
La segunda pregunta es estos sectores productivos y los trabajadores ¿pueden impulsar una nueva fase de crecimiento explosivo? Me animo a decir que la respuesta es sí. Porque en definitiva ya se ha diseñado y se trabaja en cada uno de los sectores por una alianza político productiva capaz de dar respuesta a la clásica restricción externa.
¿Qué significa la restricción externa? Es la recurrente escasez de divisas para sostener la producción y el consumo. Tenemos que aumentar el producto bruto a las exportaciones y eso va a crear trabajo y ofrecer un amplio sostén social a través de una economía virtuosa.
Obviamente que haciendo eso nuestras oportunidades no tienen techo. Entendamos que exceptuando la crisis del 78 todo el resto de las interrupciones del crecimiento en la Argentina ocurrieron por problemas en la balanza de pagos, ¿qué significa eso en castellano? La falta de dólares cuando la economía argentina se expande y las importaciones crecen más que las que las exportaciones lo que provoca un déficit de cuenta corriente
El déficit se financia transitoriamente vendiendo reserva del Banco Central. Se imponen controles cambiarios, se toma deuda externa y cuando el financiamiento y las reservas se agotan el peso se deprecia y la inflación se acelera. Cae el poder de compra de los salarios, se contrae el consumo, la producción, el empleo. En resumen la falta de dólares deriva en recesión.
Ese es el problema que muchas veces lo vamos a buscar afuera. No, no hay que equivocarse, este problema hay que buscarlo adentro y responde a una enorme crisis de confianza. Entonces, tenemos que entender a dónde está esa crisis de confianza para poder salir de esta trampa de la cual los argentinos hace tantos años nos cuesta salir.







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