
Hay fechas que no deberían existir

Hay fechas que no deberían existir.
Y sin embargo existen porque hubo dolor, porque hubo ausencias, porque hubo mujeres que no volvieron más a su casa.
El 3 de junio es una de esas fechas.
Hace años, una consigna logró romper algo que parecía naturalizado: “Ni Una Menos”. Y lo que rompió fue el silencio. Ese silencio social que durante muchísimo tiempo convirtió la violencia contra las mujeres en un tema privado, doméstico, incómodo o invisible.
Pero el tiempo pasó. Y quizás hoy el desafío es otro.
Porque ya no alcanza solamente con marchar una vez al año o repetir consignas. El verdadero desafío es preguntarnos qué sociedad estamos construyendo todos los días. Qué consumimos. Qué toleramos. Qué naturalizamos. Qué discursos validamos incluso desde la política, los medios o las redes sociales.
La violencia muta. Cambia de forma. A veces ya no es solo física. Es psicológica, económica, digital. Está en el hostigamiento, en la humillación pública, en el odio organizado detrás de una pantalla. Está también en la indiferencia.
Y hay algo preocupante: nos estamos acostumbrando a convivir con niveles de agresión que hace algunos años nos hubiesen escandalizado.
Por eso el 3 de junio no debería ser solamente una fecha de memoria. Debería ser una alarma.
Porque cuando una sociedad pierde empatía, pierde humanidad. Y cuando la violencia se vuelve espectáculo, todos retrocedemos un poco.
Defender a las mujeres no es una bandera partidaria. Es una obligación ética. Y defenderlas también implica defender a las niñas, a las adolescentes, a las madres, a las que crían solas, a las que tienen miedo, a las que todavía no encuentran voz.
Ojalá algún día llegue el momento en que el 3 de junio sea solamente una fecha en el calendario. Pero mientras siga siendo necesario decir “Ni Una Menos”, todavía queda mucho por hacer.


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