4000 ediciones: Un camino no imaginado, pero cierto

Opinion 28 de julio de 2022 Por Antonio Marocco
En esta columna no voy a hablar de Salta, ni de política, ni de historia, ni del futuro. 
500MAROCCO

O quizás hable de todo eso, pero desde otro lugar, o en cualquier caso contando en realidad otra cosa. 

Voy a aprovechar este espacio para pasar un chivo. Cual influencer que aprovecha sus minutos de fama, notoriedad o no sé qué, antes que los flashes se apaguen o las métricas estén por el piso.

Voy a contarte que esta semana salió a la calle el suplemento por el ejemplar número 4000 del Diario Punto Uno que fundé hace ya más de once años.

Preparamos un especial con agudas plumas y valiosos textos. La ocasión sirvió además para que reflexionemos un poco sobre el periodismo, especialmente sobre los desafíos de la prensa gráfica, su importancia testimonial y su devenir en el tiempo de lo instantáneo y fugaz.

De ninguna manera se trata de reflexiones nostálgicas ni melancólicas. Estamos convencidos de que la prensa gráfica enfrenta complejos desafíos, pero no por ello su extinción ni mucho menos. Sí la gráfica tiene que ser resiliente y creativa a la hora de ocupar un lugar más preponderante en los nuevos ecosistemas informativos que rodean a la ciudadanía. No alcanza con sobrevivir, es imperante garantizar la sostenibilidad del buen periodismo gráfico, asentado en sus mejores principios como documento fiel del acontecer diario de la sociedad.

En fin, va la editorial y la semblanza titulada “Un camino no imaginado, pero cierto”.

Es difícil sustraerse de la propia historia. En el periodismo, oficio o profesión -como fuera- es todo pasión.

Conocí de muy chico lo que era un diario. Sus protagonistas, sus secciones. La redacción, la administración, el taller. Vuelo y revuelo de información, datos, primicias, mentiras -no como las de ahora- siempre incomprobables y por eso despreciables.

El viejo diario Norte de la calle Deán Funes donde mi padre Juan Emilio trabajaba. Lugar de ideas y de principios que se reflejaban en las páginas con un pulso cotidiano desafiante. La historia y continuidad del medio no pudo sostenerse por muchas razones, pero será tarea de otro momento contarlo.

Luego conocí El Intransigente, vaya nombre. ¡Qué falta de esa mirada por estos tiempos! Ahí fue otra cosa, un aprendizaje de vida. 

Conocí al doctor Demetrio Jorge Herrera, médico, jefe de deportes, senador provincial, un señor de la vida. Allí fuimos unos chicos sus cronistas volantes. 

Un papel sobrante de las bobinas, un lápiz y un reloj prestado, los elementos de aquel periodismo romántico y de ilusiones. 

Los datos, lo más certeros posibles, allí en el propio campo de juego -la recomendación- las formaciones, los árbitros, las incidencias. 

Luego, en la redacción, la explicación y el relato a don Demetrio que lo convertía en noticia. Uno, dos meses, hasta que ocurrió el pase: “La Olivetti o la Remington es toda suya” nos dijo, y allí aparecieron los primeros picoteos en su teclado.

Así me fui acostumbrando a conocer el mundo de la información o de la noticia, a conocer a los periodistas. Al Flaco Santagada, Víctor Abán (qué pluma, mi Dios), al tucumano Ruíz, Antonio y Oscar Nella Castro, Edy Outes, mi viejo y mi hermano Juan Carlos -exigente al mango-, las Ruedas de Café de don Luis Victorio Giacosa, el fotógrafo Dubus, y nuestro querido Néstor Salvador Quintana.

Allí apareció en mi vida la Teletipo, sus agencias de Noticias AP y UPI. Corresponsalía Saporiti con su dicho “Saporiti nunca se equivoca”.

Un nuevo mundo para el conocimiento y la información. Pero sobre todo para la formación.

Empezaba a entender que había algo más que el reportaje, la escritura y las notas.

Luego Tucumán: colaboraciones, reemplazos y estudiar. De vuelta en Salta a El Tribuno, en Zuviría 20, a la corrección de pruebas del profesor García (¡qué aprendizaje) y otra vez con periodistas: Luciano Tanto, Lucio Paz, Mario Ríos y su genial “Entre Bambalinas”, el Gallego Zamora.

Con el retorno a la democracia y las reorganizaciones de los partidos políticos fundamos y sostuvimos el periódico partidario Unidad Peronista, con Ramiro Caro Figueroa, Bernardo Rabinovich y mi hermano Ricardo.

Luego, con la decisión de mis hermanos Lucho y Ricardo nos embarcamos a editar una revista política. Así nació Noticias, (de Salta, la aclaración).

Fue una aventura fantástica, con el caballo Federico Espinosa, los queridos Hugo Ovalle, Carlos Pastrana, Verónica Aguirre y el perro Del Cerro haciendo cultura, otra de sus grandes pasiones.

Para empezar a buscarle una salida al semanario les plantee a Rafael Morales My y Andrés Desimone hacer un vespertino, que por esos tiempos le vendría muy bien a Salta. Embarcados ya con Dinar Líneas Aéreas, llegué tarde. Pero gustaba la idea, estuvimos cerca.

Luego la vuelta a Tucumán a dirigir LV12. ¡Qué radio! Una AM potente, de extraordinario alcance, en el 590 del dial que peleaba en Rafaela con Radio Continental que tenía la misma frecuencia, y que llegaba hasta Humahuaca. Allí conocí a Luis Rey, periodista deportivo, un ser extraordinario. A Osvaldo Masini, historia viva de la locución tucumana. Fueron momentos y pasos de la vida.

De vuelta en Salta, me hice un corto tiempo cargo del diario Medio Día, una publicación grafica que sirvió como una buena experiencia. 

Jorge Villazón me recordó también que durante un tiempo pusimos en marcha un periódico que llamamos El Diario del Pueblo.

Y así, entre muchas otras aventuras y trabajos que me cobijaron para que pudiera ejercer el oficio en épocas difíciles, empezó a nacer lo que sería Punto Uno.

Hace 12 años mi hermano Lucho me presentó a Juan Manuel Suffloni, santiagueño, periodista y peronista. Y éste, a un joven de apellido Molina, “Fredy”, medio difícil llamarlo por su nombre Frederic.

Conversamos, titular de un vespertino, La Tarde en Santiago, y nos decidimos a emprender la edición de un nuevo diario para Salta.

Somos conscientes de que es un momento especial de la prensa gráfica. La tecnología revolucionó la información con los medios audiovisuales y digitales, pero creo que la palabra impresa es el documento de las sociedades.

Jorge Villazón y Andrés Mendieta también nos ayudaron a contar esta historia. 

Cumplimos 4000 números y así se los ofrecemos. Usted se preguntará si me imaginé un diario propio, le contesto que no. ¿Si lo quise? Sí. Y acá estoy, intentando siempre mejorar.

 

Hasta la próxima semana.

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