Museo Galo Leguizamón

Opinion 29 de junio de 2022 Por Guillermo Martinelli
Añarales, muchas décadas, la imponente casona de dos plantas ubicada en la esquina de las calles Caseros y La Florida estuvo cerrada; después hubo iniciales intentos de recuperarla y por fin los trabajos allí realizados pudieron ser apreciados desde hace pocos días ya que se abrieron sus puertas al público conjuntamente con un museo que se instaló en sus ambientes interiores.
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En la gestión del gobernador Urtubey se iniciaron los trabajos respetando en su restauración los materiales originales de la construcción que data de principios del siglo XIX e inclusive se recibió el asesoramiento de un experto peruano en la materia para que la obra no tuviera una invasión de materiales y métodos constructivos ajenos a los primitivos. En la actual gestión se terminaron los trabajos y comunicaron esa casona con la vecina de Arias Rengel, también una noble y notable edificación más adulta, del siglo XVIII. Un logro importante por parte del Estado al respetar y revalorar la arquitectura del pasado.

El museo instalado allí es una sorpresa para el visitante ya que se ha combinado lo antiguo con lo moderno tanto en la exhibición como en la forma de marcar una idea de la conformación social y cultural de la ciudad. En algunas habitaciones están expuestos mobiliarios que pertenecieron a la familia que vivía en esa casa con piezas de finísima calidad, un ajuar hogareño de una familia pudiente que transitó el estado colonial de Salta y los años de la naciente gesta independentista de nuestra nación. Están armadas las salas con esmero y cercanía al visitante lo que hace muy acogedora la visita.

La parte moderna de la muestra consiste en audios e imágenes en movimiento en los que se presentan personas de distintos orígenes tanto de pueblos originarios como extranjeros y descendientes de originarios y extranjeros, que dan mensajes al visitante. En otras dependencias de la casona se instalaron audiovisuales, como lo concerniente a la festividad deñ Milagro, al carnaval y a la mirada sociológica y cultural de la ciudad de Salta.

Es cierto que el Milagro en nuestra provincia tiene una importancia, que en algunos casos va más allá de la fe propiamente dicha al atravesar la vida ciudadana. Entiendo que Se puso el acento en ello por esa razón y también para su difusión al visitante foráneo quien quedará motivado para volver en algún septiembre.

Con la sala que cobija el carnaval pasa otro tanto, en una muestra de gorros, disfraces y literatura que da una idea ajustada de una fiesta muy acendrada en la provincia.

Hay una sala dedicada a la composición cultural y social de la ciudad sobre todo en la que se recoge la impronta de algunos creadores lugareños y de los distintos comportamientos mundanos. Se resalta la discriminación social de la oligarquía salteña, la asistencia de parroquianos a las casas prostibularias, donde se destaca una tradicional madama de Salta, la conocida Rusa María.

Es destacable la importancia asignada al colectivo LGBT en varios momentos y lugares.

Vale la pena ir a la casa para disfrutar un gran logro arquitectónico y un museo didáctico, creativo y entretenido.

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