Aire y Democracia

Opinion 24 de noviembre de 2021 Por Natalia Nieto
Conociéndolo como lo conozco, imagino que ayer habrá estado al lado de la radio –el aparato, no la emisora-, y siguiendo el minuto a minuto de la última sesión de la Cámara de Diputados de Salta, que fue el marco de despedida de la mitad de legisladores de ese cuerpo, central para la democracia salteña.
recinto legislatura salta

 “La Provincia de Salta, como parte integrante de la República Argentina, organiza su gobierno bajo el sistema republicano y representativo. Reafirma su inquebrantable unidad de destino con las demás provincias, territorios nacionales y tierras aún irredentas, en el marco del federalismo”, establece la Constitución de Salta en su primer artículo, en el que también quedó establecido que “esta Constitución promueve la democracia social de derecho, basada en el trabajo de personas libres, iguales y solidarias”

En el entramado de poderes del Estado, el legislativo y especialmente la Cámara de Diputados, ha sido de los que ha permitido que ciudadanas y ciudadanos sepamos qué tipos de políticas proponen los gobiernos; cómo y quiénes ejercen el control sobre el Poder Ejecutivo y a qué se dedican las diputadas y diputados cuando legislan. Cuáles son sus prioridades, cuánto escuchan en sus pueblos y cuánto traducen en proyectos esa escucha, también se puede saber.

Lo cierto es que discusiones políticas enormes, han permitido desde hace años, saber cómo se va ejerciendo el poder desde distintos ámbitos. Por caso, aquellos debates en los que en la década del 90, -durante el primer gobierno de Juan Carlos Romero-, y cuando el radical José María Farizano cuestionaba la posibilidad de flexibilizar las partidas presupuestarias a través del famoso “Art. 24” de la Ley de leyes; y se dirigía al presidente de la comisión de Economía, Oscar Salvatierra, daba gusto escuchar discusiones políticas con altura. Eso, a pesar de que las transferencias de partidas sigan vigentes hace más de treinta años, claro. Pero al margen de ello, no podemos negar que en Salta hemos normalizado que la tarea de la Cámara baja provincial, es de los primeros reductos del poder donde se dirigen quienes tienen reclaman o piden soluciones al Ejecutivo, el Legislativo o quién pueda darles respuesta. Así se gestaron numerosos proyectos de declaración y de ley, que permitieron reflejar en normativas, aquello que pasaba en la sociedad. 

Por eso celebro la transparencia de la actividad parlamentaria, que hoy no es suficiente, pero puede mejorar, porque si nos hablamos de los principios sobre los que se rige, con toda certeza podemos sostener que la libertad de expresión ha primado en las últimas décadas. Y que la discusión sana y la universalidad o pluralidad del pensamiento, nos permiten comprender que el mundo es amplio y que aun en un mismo espectro ideológico hay diferencias que hacen crecer a los espacios políticos. Y confirmar que, por el contrario, no tolerar el disenso ni la libertad o mantenerse recluidos en las cajas de resonancia sin percatarse de la amplitud del espacio exterior, logrará que quienes integren esos espacios políticos, pasen de ser nuevas ideas a efímeros chispazos que brillaron un instante, para luego extinguirse en el arcano tenebroso del olvido.

Sabemos quiénes se fueron y quiénes quedan en Diputados; sabemos quiénes ingresaron. Hay mediáticos, profesionales, funcionarios, policías, gastronómicos, empresarios de otros rubros, cantantes, “hijos o hermanos de” e imputados. Y estamos también, quienes exigimos del mundo político un debate con altura y que contribuya efectivamente a los principios republicanos y los sostenes de la Democracia.

En ese aporte central también entra Aries, porque en Salta, las instituciones democráticas y la posibilidad de conocer qué piensan, dicen y hacen los legisladores, crecieron desde la década del 90, de la mano de esta querida emisora. Desde que nació, hizo públicas las sesiones de la Cámara baja provincial a través de su transmisión en las que dirigentes de fuste (y otros, medio pelo), pudieron dar a conocer sus proyectos, sus pedidos de control al Poder Ejecutivo, posiciones políticas, críticas y aportes. Por supuesto, también las repercusiones que en torno de cada tema se generan. 

El año pasado, la radio y su director Mario Peña, fueron reconocidas por ser agosto el mes en el que la radiofonía cumplió cien años. Existió otro reconocimiento en 2012 para  la Radio con Mejor Imagen, cuando sumaba 22 años de transmisión de las sesiones. Esos días nos emocionamos mucho, porque aunque los premios no hagan falta, es bueno saber que desde donde estamos, peleamos por mejores instituciones y una sociedad de mayor compromiso con lo político. 

La política no es mala. Resulta ser una herramienta tremenda para armonizar, gestionar y gobernar. Lo malo es que la calidad del debate y las acciones políticas se vayan degradando y nos vayamos conformando con lo que hay. Afortunadamente, tengo el privilegio de ejercer el oficio que amo; de aprender desde hace años, que sí y qué no de la política y de seguir como ciudadana, cada instancia de la discusión  legislativa, que es también, un reflejo de lo que nos pasa como sociedad. 

Legisladores van y vienen, aunque algunos e queden mucho más que otros. Desde afuera, podemos exigir que cumplan con sus obligaciones y que demuestren cómo recuperar la credibilidad en la política y lograr que queden menos espacios para los que declaman y exaltan la antipolítica, aunque vivan de ella.

 

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