Síntesis

Opinion 17 de junio de 2021
A 200 años de su muerte, solo el General Martín Miguel de Güemes podía lograrlo. Su memoria permitió observar una síntesis de la realidad política y social de la provincia, que no es más que un reflejo de lo que ocurre en el país.
GURMES

En una de las fechas más importantes de la salteñidad, nada pudo evitar que intereses sectoriales ensombrecieran una jornada que siempre fue luminosa por el influjo de un referente sin parangón en las dos últimas centurias. No fue la pandemia sino la mezquindad de distintos grupos la que provocó que no fuera el repaso de la vida fructífera del héroe nacional nacido en esta Provincia el que ocupara el centro de la jornada. 

El día que los salteños vivían como el que los diferenciaba de otros argentinos, con su tradición de una noche de amigos a los pies del monumento y un desfile interminable de gauchos, se convirtió en un muestrario de situaciones que no suelen observarse cotidianamente con tanta crudeza, aunque existen. La más relevante fue que se reservaron los momentos importantes para un grupo que se exhibió como una casta.

Efectivamente, los actos centrales se cerraron al pueblo ante la necesidad de evitar aglomeraciones nocivas en el marco de una situación sanitaria complicada. Solo estuvieron permitidos para funcionarios públicos y quienes tienen alguna cercanía con el poder. Seguramente, con una buena intención, podría haberse tornado más virtuosa la participación, dando lugar a representaciones sociales significativas.

Por otro lado, hubo comportamientos que se destacaron por su incorrección. El más notorio fue la movilización de militantes de agrupaciones oficialistas que lograron lo que ningún otro grupo pudo: acceder al espacio vedado a quienes tradicionalmente lo ocupaban; más aún, lo crearon. Donde debían estar en guardia los miembros de las agrupaciones de gauchos, se desplegaron quienes obviaron la figura del General Güemes, para enaltecer la de un Presidente de la Nación que no se sustrajo al encanto de una adhesión de dudosa lealtad. Ese hecho fue equivalente a la protesta convocada para repudiar la visita, que debía dar más envergadura al homenaje. 

Tampoco fue adecuado el retiro de representaciones legítimas. Ceder espacios que en estas circunstancias debían ocupar obligatoriamente, es asumir que se considera que son derechos adquiridos como privilegio de clase. Y nada de eso tolerable en democracia.

Otro aspecto cuestionable es que el tiempo electoral se impuso al histórico. Quedó ratificado que en esta campaña todo será útil para ganar votos; vacunas o listas de muertos por el Covid serán datos que se utilizarán desde uno u otro sector, para sumar la voluntad del electorado.

Por eso es que los discursos de rigor no pudieron soslayar la necesidad de unidad. El gobernador Gustavo Sáenz señaló la tristeza y dolor de ver la Argentina dividida por unos y por otros y llamó a dejar de lado las mezquindades, odios y egoísmos cuando se debe enfrentar al único enemigo común que acecha al mundo, que es esta pandemia. También demandó una mirada federal para terminar con una diferencia contra la que también fue la acción güemesiana: la de argentinos de primera, los del centralismo porteño y los de segunda, el interior profundo.

En la misma línea se plantó el presidente Alberto Fernández: juró al héroe gaucho que su muerte no será en vano. Va a recuperar un país federal,  sacará al norte del olvido, trabajará por la vacunación masiva y por la unidad de los argentinos. 

Esto es Salta y la Argentina, en este tiempo de emergencia sanitaria y democracia adolescente.

Salta, 17 de junio de 2021

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