Hartazgo

Opinion 29 de abril de 2021 Por Alejandro Saravia
¿Cuál es el motivo por el que en lugar de salir de nuestra histórica y consabida decadencia en realidad la profundicemos?
vacuna

Sencillo, durante demasiado tiempo estuvimos gobernados por imbéciles, corruptos y berretas. Como consecuencia, y ésto no es una catarsis, quiero manifestar mi hartazgo frente a nuestra clase y casta política, prebendarismo empresarial y dirigencia sindical oligárquica y parásita. Es decir, de lo que se conoce comúnmente como establishment. En nuestro país falta liderazgo y falta, en consecuencia, mirada estratégica, de largo aliento. Pero también falta decisión de llevar adelante el bien común, no el personal.
Veamos lo que pasa con la cuestión ésta de las vacunas para luchar contra esta maldita pandemia. Argentina es el tercer país que peor manejó la pandemia de coronavirus, según el "Ranking de Resiliencia" elaborado por la compañía estadounidense Bloomberg, que ubicó al país en el puesto 51 de un total de 53. 
Entre los diez indicadores que se cruzaron entre sí para realizar la conformación de la lista, se destacan la tasa de mortalidad, la tasa de positividad, el acceso a las vacunas, la libertad de circulación y la evolución del Producto Bruto, entre otras. 

El laboratorio Pfizer, como lo dijo hoy Joaquín Morales Solá, le ofreció a la Argentina 13,3 millones de dosis de su vacuna a partir de diciembre pasado, según contó un funcionario del área de Salud que pidió el anonimato. Una disputa legal que el Gobierno no supo frenar en el Congreso alejó la posibilidad de que llegara al país la que es considerada una de las mejores vacunas contra el Covid-19 que se inventaron hasta ahora. 
El fondo Covax de la Organización Mundial de la Salud, que almacena vacunas de primer nivel, ofreció hasta 25 millones de dosis, pero el Gobierno argentino solo contrató 2,5 millones (es decir, el 10 por ciento), aseguró ese mismo funcionario. Una conclusión inevitable es que la Argentina estuvo a punto de contar con 38 millones de dosis de vacunas de alta categoría, y que dejó pasar la oportunidad. Esa oportunidad hubiera significado que casi toda la población estaría ahora inmunizada.
Israel, que vacunó casi exclusivamente con Pfizer, y Estados Unidos, que vacunó con Moderna y Pfizer, están saliendo de la pandemia, no entrando como nosotros.
El Gobierno se entusiasmó muchísimo con AstraZeneca porque Hugo Sigman, muy ligado al kirchnerismo, a Alberto Fernández, a Ginés González García, los convenció de que era buena opción. Él era subcontratista de AstraZeneca. Sigman iba a realizar la producción industrial, no científica, de algo que se inventó en la Universidad de Oxford y en AstraZeneca. Y los envases los iba a poner un laboratorio mexicano. El Gobierno, a ciegas, fue detrás de Sigman. ¿Qué pasó? El laboratorio mexicano no pudo poner los frasquitos. El Gobierno pagó el 60% del contrato, y tenían que venir vacunas en enero, en febrero, en marzo. No vinieron.
Y acá aparece la otra novedad, como apunta Carlos Pagni. Otro empresario, Marcelo Figueiras, de laboratorio Richmond, muy ligado al kirchnerismo y en algún momento a Amado Boudou, casado con la exsenadora Laura Leguizamón, aparece en escena, en nombre del laboratorio Richmond y el ministro de Salud de la provincia de Buenos Aires dice que venían hablando con Figueiras en secreto, y Daniel Gollan dice que ellos venían hablando en secreto con el laboratorio ruso productor de la Sputnik y le pasaron el dato a Figueiras para que éste haga el negocio.
Precisamente ese es el modelo Putin de capitalismo de amigos o crony capitalism. Sistema definido justamente porque el éxito no depende del mérito, recordemos que el propio presidente Fernández despotricó en contra del mérito por inequitativo, sino que el éxito depende de las estrechas vinculaciones que tengan empresarios con funcionarios gubernamentales. Eso es el prebendarismo.
Mientras tanto en Brasil, el denostado Bolsonaro las está fabricando a las vacunas  en el laboratorio estatal Butantan, y en otros dos laboratorios también estatales.  Nosotros lo podríamos hacer en el Malbrán, también estatal. Pero, este gobierno autodenominado progresista prefiere entregar el negocio a empresarios amigos que, hasta ahora, no arrimaron ni una vacuna. Eso es de una suprema irresponsabilidad criminal. Y todo rodeado y vestido de un sonoro relato.
De ahí el hartazgo.

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