Diálogo

Opinion 17 de febrero de 2021
“No nos une el amor sino el espanto; será por eso que la quiero tanto”, decía Jorge Luis Borges sobre Buenos Aires, la ciudad que le pertenecía y a la que pertenecía. Quizás sirva para explicar cómo, a más de un año de tomar las riendas de Salta, su intendenta y los concejales están tratando de llegar a la confluencia.
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El tiempo transcurrido desde el 10 de diciembre de 2019 fue complejo porque el cambio producido en la conducción de los tres niveles de gobierno de manera simultánea, quedó subsumido a la atención de una pandemia que aún atraviesa el mundo. El proceso de adecuación de tres equipos de diferente raíz política no ha concluido, porque en sus respectivas jurisdicciones cada uno está tratando de hacer pie en un terreno escarpado.

 De allí que la necesaria armonía entre los poderes Ejecutivo y Legislativo de la administración capitalina es una asignatura pendiente pero va registrando avances. Hace una semana, una reunión ampliada de concejales trató con funcionarios de la Intendencia aspectos vinculados al servicio de higiene urbana de la ciudad y este miércoles se repitió la experiencia en referencia al plan de obra pública y a la política de movilidad ciudadana, dos cuestiones de peso dentro de la tarea  de conducción del principal municipio de la Provincia.

Que el presente sea un año electoral organiza toda la actividad política con la mira puesta en los comicios que han sido convocados para el 4 de julio próximo. La cita tiene un peso excluyente en este ámbito gubernamental porque la reforma del cuerpo legislativo es total y ello no solo moviliza al Concejo Deliberante en pleno. 

Su actual composición muestra una integración novel, en la que la mayoría no solo mostró inexperiencia sino impericia para el manejo de muchas situaciones. La más compleja que le tocó afrontar es el permanente desplante de la Jefa comunal, que trasladaba a su equipo de gobierno la reticencia a rendir cuentas y hasta a informar sobre planes a desarrollar. Además marginó a los concejales de la participación en el diseño de políticas o la toma de decisiones de fuste como fue la renovación de la concesión del servicio de recolección y tratamiento de residuos. La apertura fue de último momento y periférica.

Pero “los tiempos no dan para caprichos”, dijo el flamante Secretario de Gobierno del Municipio, José Luis Gambetta, quien asumió un cargo rehabilitado para perseguir propósitos similares a las de otras funciones creadas para achicar la brecha entre la intendenta Bettina Romero y el Concejo Deliberante y también con los vecinos, excluidos de cualquier forma de participación. A ese fin se había designado como coordinador de Relaciones Institucionales con ese cuerpo y la comunidad y director de la Oficina de Proyectos Estratégicos para la ciudad a César Álvarez y luego, como coordinador de Relaciones Políticas e Institucionales a Fernando Palópoli. Son tres hombres de probada experiencia política.

El esfuerzo hasta ahora no fue suficiente pero permitió identificar que el déficit es de diálogo y se está encarando la tarea de establecerlo entre los poderes municipales, con la Provincia y con la Nación. Al menos lo demuestran las últimas medidas que apuntan a un trabajo conjunto. 

Son oportunidades que se van agotando.

Salta, 17 de febrero de 2021

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