Esfuerzo

Opinion 09 de febrero de 2021
En la política siempre hay una puerta de escape; es así que el que no salga por el PJ lo hará por otro partido. Esta fue una de las reflexiones que se escuchó luego de un congreso del principal partido político provincial, que por diversos caminos vino ejerciendo el poder en Salta.
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Toda la estructura partidaria está ocupada por este tiempo en organizar su participación en las elecciones del 4 de julio próximo, cuando se elijan miembros de cuerpos legislativos y convencionales constituyentes. El Justicialismo no es la excepción y convocó a su máxima autoridad para tomar decisiones en torno de la integración de alianzas y la confección de listas de candidatos. 

La tarea quedó en manos de la Comisión de Acción Política, un cuerpo incorporado a la conducción partidaria apenas hace más de un década, que nació dotado de plenos poderes, cuyos alcances dependen del momento y circunstancias políticas. Estas características llevan a que se considere que su vida debe tener fecha de vencimiento porque sus promotores han perdido espacios de poder interno. Son sectores que están convencidos que las autoridades constituidas no podrían haber resignado sus facultades a favor de la CAP y el Congreso partidario deberá ser convocado para resolver esa situación y discutir su disolución.

Pero no es este el momento. Otras son las urgencias que ocupan a la dirigencia peronista que permanece en el considerado Partido del Poder y que ha venido participando de estrategias electorales para fortalecer proyectos personalistas, cuyo fracaso ha demostrado que la función que la Constitución Nacional asigna a un partido político es la de ser una institución fundamental del sistema democrático.

No solo en esta Provincia o en el país sino en buena parte del mundo se reconoce que hay malestar con la democracia, que se registra entre representados y representantes. Investigaciones realizadas en el marco del Programa Político Ciedla de la Fundación Konrad Adenauer demuestran que los partidos políticos son, desde esta perspectiva, los principales protagonistas de la crisis, en su carácter de intermediarios entre los dos polos de la relación representativa. Han perdido la confianza de la ciudadanía como mecanismos aptos para canalizar inquietudes e intereses, se señala. Mientras los representantes reivindican su estatus como voceros de los electores, éstos los perciben preocupados por los propios intereses de los partidos, cuando no los exclusivamente personales de cada líder. La creciente burocratización de los partidos, la personalización de la política, la profesionalización de los dirigentes, el clientelismo, y por supuesto, el recurrente problema de la corrupción, son algunos de los problemas detectados por estas investigaciones. 

Que cada dos años se deban enfrentar elecciones en una democracia en proceso de fortalecimiento como es la argentina, no es la condición más apropiada para resolver estas dificultades. Por ello es que a tres meses de presentar alianzas, hay partidos que solo esperan que se los invite a integrar algunas de ellas, otros no han logrado concluir sus elecciones internas  y alguno quedó en manos de una intervención que divide las aguas.

El camino a transitar hasta los comicios, para ese sector es breve; no solo se trata de armar un frente y postular candidaturas. Se deben formular propuestas, especialmente para reformar la Constitución. 

Y lo más importante, la dirigencia debe asegurar que los partidos no se desintegren en el esfuerzo. 

Salta, 09 de febrero de 2021

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