Se cumplen 45 años del emblemático “Adiós Sui Géneris”

Cultura & Espectaculos 04 de septiembre de 2020
El 5 de septiembre de 1975 tuvo lugar el histórico concierto de despedida de la banda, en el Luna Park. Marcó un hito en el rock argentino por la convocatoria récord de 25.600 espectadores.
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“El motivo es muy simple. Creo que Sui Generis tenía que terminar en algún momento y pienso que este es el mejor momento para hacerlo. Es el cansancio de hacer siempre lo mismo y tomar conciencia de que esto dio hasta dónde podía dar”, definió Charly Garcia en una entrevista con la revista Pelo, semanas antes de la presentación del grupo en el Luna Park. Una noticia que sorprendió a los fans. El exitoso grupo llegada a su fin.

Charlie (como se lo llamaba por esos años) destacó una suerte de desgaste en la carrera de la banda. “Creo que es la reacción del público frente a cierta parte de la obra. Claramente, el disco Instituciones se vendió menos que los dos anteriores. El tocar siempre lo mismo convierte al grupo en una especie de máquina. Pero es un problema del país, del medio. Si no hacés 10 shows por semana, no tenés ni para comprate una púa. La gente piensa que estamos llenos de plata”.

En la entrevista, Garcia y Nito Mestre hablaron sobre los planes que tenían para los últimos días de Sui Generis. “Vamos a grabar un cuarto álbum y haremos una gira de despedida por el interior del país tratando de tocar en los escenarios donde nunca estuvimos y finalmente daremos un recital monstruoso en el Luna Park o en cualquier lugar donde pueda entrar la que gente que quiera vernos”, contó Charly. Por su parte, Nito agregó: “En el Luna vamos a trata de registrar material para un álbum doble en vivo. También se harán tomas de los lugares donde actuamos”.

En la práctica solo dieron dos shows después del Luna. Uno fue en Comodoro Rivadavia y el otro en Caleta Olivia, porque después volcó la camioneta que transportaba los equipos y lo tomaron como una señal para finalizar la idea.

“Hubo un tiempo que fue hermoso”

El grupo nació en el secundario, en el colegio Dámaso Centeno. García deslumbraba a sus compañeros durante las clases de música. El dato sobre su gran oído llegó a otro alumno, Mestre que lo buscó. “Por alguna razón cambié de turno durante una semana. Yo solía ir a la mañana y comencé a ir a la tarde. Un buen día entro a la sala de música y Charly estaba tocando el piano en un recreo”, recordó Nito en el libro No digas nada de Sergio Marchi.

Sui Generis arrancó con seis integrantes, en 1969, pero al tiempo solo quedaron dos. Bajo esta formación debutó en una sala de de Mar del Plata, en un escenario por donde también pasaron por ese verano grupos como Pedro y Pablo, Pappo´s Blues, La cofradía de la flor solar, entre otros.

El grupo marcó a los chicos de los ’70 con sus letras cargadas de inocencia y la cadencia del folk. La imagen de esos dos flacos de pelo largo quedó inmortalizada en la tapa de Vida (1972), su disco debut. Sus primeros temas “Canción para mi muerte”, “Necesito”, “Natalio Ruiz, el hombrecito del sombrero gris”, “Cuando comenzamos a nacer” y “Quizás porque”, retrataban lo absurdo del mundo y el público se identificaba.

Ese primer trabajo lo grabaron en los estudios Phonalex, el mismo donde Luis Alberto Spinetta le dio vida al increíble Artaud. Participaron como invitados Claudio Gabis, Alejandro Medina, Francisco Prati y Jorge Pinchevsky.

“En este LP hicimos lo que nosotros queríamos. Hay folk rock y rock acústico. La temática del disco es muy concreta, no existe surrealismo alguno. Hay temas de amor, de historias de la ciudad. En lo musical, para el que nos escucha notará una semejanza en la melodía y en los arreglos con Elton John. Creo que eso es lo que quería lograr sin perder nuestra esencia”, reconoció Charly García en una entrevista a los días de su salida.

Luego llegarían Confesiones de invierno (1973) el simple Alto en la torre (1974) y Pequeñas anécdotas sobre las instituciones (1974).

Cuando el grupo llegó al pico de su popularidad, con un par de discos publicados, García decidió poner punto final. El desgaste de los shows, la aparición de la censura, y la búsqueda de nuevos rumbos musicales, lo llevaron a tomar la decisión.

“Adiós Sui Generis fue un concierto histórico, que más allá de la técnica musical siempre estuvo invadido por la emoción del momento en el que la banda más grande se despedía de su público. Nunca antes tanta gente se había reunido para escuchar -y cantar- con un solo grupo en una especie de comunión masiva. Charly y Nito, secundados por Rinaldo Rafanelli en bajo y Juan Rodríguez en batería llenaron dos Luna Park a reventar, cuando todavía no existían los límites a la cantidad de público. Esa noche se pudo ver y escuchar al Sui Generis fresco de los primeros discos, y también al último, más complejo y oscuro, musical y líricamente”, analizó Juan Manuel Cibeira, periodista de la recordada revista Pelo.

Y agregó sobre la popularidad de Charly y Nito: “Fue la formidable empatía que consiguieron con su música. De pronto, miles de pibes se sintieron profundamente identificados con esos dos personajes que les hablaban en su idioma de las cosas que los angustiaban, alegraban y hasta les daban respuestas a tantos cuestionamientos adolescentes. Entre la poesía de Spinetta y la denuncia social de León Gieco, SG llegó para cantar al amor, la soledad, la muerte, y las instituciones”.

A mediados de los ’70, el rock nacional estaba marcado por importantes grupos como Pescado Rabioso, Pappo’s Blues y Aquelarrre, entre otros.”Ahí Sui Generis dejó su marca indeleble que arrancó con un folk adolescente pero no estúpido y en tres años se convirtió en una banda alucinante”, resaltó Cibeira.

“La mayoría de lo escuchado , aún lo más viejo, sufrió el paso del tiempo y los cambios. Casi todas las canciones fueron llevadas hacia la nueva y última etapa de SG. Los ataques están orquestados con el sintetizador de cuerdas, y el bajo y la batería subrayan las palabras creando climas grotescos. La única que se mantuvo en el tiempo es ‘Canción para mi muerte’. Un verdadero regalo para el público después de un año y medio que no sonaba. Resultó impresionante escuchar cantar a todo el público hasta tapar virtualmente a los músicos”, destacó la crónica de Pelo sobre la histórica presentación en el Luna Park.

“El sonido general fue correcto, dentro de las posibilidades bastante difíciles del estadio. La iluminación fue excelente, acorde a la magnitud del evento, con un buen criterio para la selección de los colores en los distintos pasajes musicales. Este fue uno de los elementos preponderantes del espectáculo, sin duda la primera vez que un grupo argentino fue iluminado de acuerdo al nivel del concierto...El lleno total en ambas funciones superó todas las predicciones, aún la de los organizadores”, completó el artículo de la revista especializada.

Otros medios también se hicieron eco del importante evento en el histórico estadio porteño. “¿Qué figura en Buenos Aires puede convocar a 30 mil personas?” se preguntó el diario La opinión. “Fue lo que ocurrió en el Luna Par, la noche del viernes al ofrecer Sui Generis un recital en dos funciones para despedirse del público. El primer acto empezó a las 20.30. La entradas estaban agotadas desde quince días antes, pero hubo gente que se instaló en los alrededores durante las siete de la mañana. La fiesta estaba en la gente. La ropa: allí se mezclaban la extravagancia y el pelo largo con el atildamiento y la pulcritud de aquellos que recién habían dejado la oficina. Había clima de histeria en los controles. No menos nerviosa estaba la guardia de seguridad del conjunto”, destacó.

También contó entre sus párrafos que los asistentes de la primera función no quisieron abandonar el estadio y casi se llegó al desalojo. “Hasta la policía pareció algo intranquila Es que hubo mucha gente, también silbidos”. La nota concluyó destacando la entrega por parte de los seguidores de la banda: “Lo más importante es lo que logran con la gente, ese público fiel que oscila entre los 14 y los 20 años, del que son genuinos representantes”.

“Como con Charly seguimos en la misma profesión, nos parece que no pasó tanto. Es una fecha importante para todos los seguidores y le tengo un grato recuerdo. Fue el primer show multitudinario de rock que hubo en la Argentina”, recordó Nito Mestre a La Viola.

Los shows quedaron documentados en dos discos. Dos décadas más tarde se publicó un tercer volumen del Adiós Sui Generis, con más canciones grabadas esa noche, dos que eran conocidas (“Cuando ya me empiece a quedar solo” y “¿Para quién canto yo entonces?”) y cuatro que en 1975 eran inéditas (“Nena”, “Bubulina”, “Fabricante de mentiras” y “Fantasma de Canterville”), que Charly y Nito grabaron más adelante en sus siguientes proyectos: Porsuigieco, Nito Mestre y Los Desconocidos de Siempre, La Máquina de Hacer Pájaros y Serú Girán.

La película

El “Adiós Sui Generis” fue un gran concierto y quedó registrado en un film que trascendió en el tiempo. El director Bebe Kamin fue el encargado de inmortalizar ese momento tan glorioso para nuestra música. Cuatro cámaras filmaron varias partes del concierto, además de entrevistas al público. Posteriormente, se grabaron clips con la música del mismo concierto, como es el caso de “Mr. Jones” y “Nena”.

“Fue una experiencia muy importante. Fui convocado por Leopoldo Torres Nilson (productor de la película). Este documental lo pudimos hacer con un grupo de gente valiosa y muy trabajadora. Se trata de un trabajo que se realizó en un momento muy complicado y esto trasciende el concierto, era un momento muy problemático con muchas situaciones críticas en lo político, social, entre otros puntos. Las víctimas de todo esto fue la gente joven y ese concierto de alguna manera fue una expresión de lo reprimido, la posibilidad de expresión propia que tenía la juventud de ese momento”, contó Bebe Kamin a TN.com.ar .

Luego recordó que “como no se llegaba a completar la duración requerida de 80 minutos para el formato se decidió incluir los ensayos previos al concierto y las entrevistas con el público. Si mal no recuerdo se lo puede ver al dúo probando sonido con el tema “El fantasma de Canterville”.

En su experiencia personal fue su primer trabajo con un grupo de rock. “No conocía al grupo, los empecé a tratar durante el rodaje y tuvimos una muy buena relación”.

La película salió un año después y fue prohibida para menores de 18 años. “Se estrenó en septiembre del 76 en un clima bastante pesado y el momento era fatal para el país. Durante mucho tiempo se proyectó en salas del Gran Buenos Aires y en horarios de trasnoche. Parece mentira pero la película fue catalogada como ‘prohibida para menores’. Visto a la distancia fue un acto de censura para una generación que era tomada como un enemigo del sistema y que no debía existir”.

TN.com.ar

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