Consensos

Opinion 02 de septiembre de 2020
Se enrareció la relación entre oficialismo y oposición en la Cámara de Diputados. El esfuerzo que la mayoría hace para imponerse a los bloques minoritarios incluso produce perturbaciones internas que marcan diferencias respecto de las prioridades que debieran atenderse legislativamente.
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La de este martes fue una de las sesiones más improductivas respecto de los proyectos que se analizaron y justificaron críticas debidamente fundadas a la gestión del Poder Ejecutivo, especialmente en materia sanitaria. La impotencia por llevar el debate por carriles que fortalezcan la defensa de la tarea que se lleva adelante en las áreas más comprometidas por la propagación del coronavirus, se vinculó a la necesidad de justificar la flexibilización de restricciones en el plano económico.

Ejemplo de esta aseveración fue la intervención del jefe de una de las bancadas oficialistas –el peronismo saencista- que reconoció que el Gobierno Provincial acompaña la decisión del Ingenio San Isidro de mantener el ritmo de producción pese a que el contagio es significativo entre los trabajadores. El establecimiento industrial, que opera en el departamento de General Güemes, registra 106 casos de Covid positivos, lo que obligó a tender un cerco en torno de los contactos estrechos.

Lo que se ha cuestionado es la tolerancia frente a una propagación del virus tan marcada, que llevó a que las autoridades sanitarias colaboren en el diseño de un protocolo que deberá  aplicarse para lograr mantener al ingenio en producción. “Si lo paramos no vuelve a funcionar”, fue la explicación del diputado Germán Ralle, poniendo el foco en una dicotomía que, en principio, había sido planteada como un dilema: salud o economía.

A esta altura de la evolución de la situación configurada por la pandemia en todo el planeta, no se resiste una discusión ideológica sino que se exige una respuesta en base a situaciones fácticas.  La caída de la recaudación en la Provincia alcanzó niveles preocupantes y la decisión de autorizar el retorno a la actividad de varios sectores ha permitido una leve recuperación de ingresos, aún insuficiente.

De todas maneras, la crisis no tolera un margen de error y mucho menos pretender obtener réditos de lo que se realiza, con expectativas electoralistas. Y esa es la tentación en la que algunos miembros del oficialismo en Diputados suelen caer.  Algunos de sus voceros insisten en que hay un esfuerzo que, más allá de los resultados, debe reconocerse y hasta agradecerse. Además, la fuerza del número lleva a los dos bloques que tienen la representatividad del proyecto que lidera Gustavo Sáenz a intentar diseñar una actividad legislativa  que solo se vincula a la realidad en algunos tramos de cada sesión.

Dos proyectos de ley que tuvieron sanción son los que consagran sendas fechas en homenaje a los peregrinos y a los inmigrantes italianos. En carpeta, sin dictámenes, siguen parados las iniciativas de otros sectores políticos proponiendo decisiones reclamadas por distintos grupos sociales o para resolver situaciones consecuentes con los problemas macroeconómicos.

Es cierto que la profundidad de la crisis no excluye a nadie, ni de padecerla ni de resolverla. El ciudadano común debe confiar en el gobierno para la resolución y quienes son protagonistas -referentes empresarios y sindicales, especialistas en distintas temáticas y particularmente dirigentes políticos- deben sentirse convocados a aportar propuestas para salir del atolladero que frena cualquier proyecto.

No es el mejor momento para sostener disidencias. La opción es construir consensos.

Salta, 02 de setiembre de 2020

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