
Correcciones

Una fiscal y un empleado del Hospital Papa Francisco, cabecera de Covid 19, no trepidaron en exponer su experiencia para alertar sobre fallas que deben ser atendidas de inmediato y que nadie debe desoír. No hay indicios de segundas intenciones en los relatos; al contrario, resultan un llamado de atención a la ciudadanía y al Gobierno.
Algunas de las apreciaciones se expusieron a través de planteos de legisladores provinciales, con amplia difusión en la Cámara de Senadores y un directo rechazo por parte del oficialismo en la de Diputados. El testimonio de dos pacientes suma elementos de juicio para un replanteo de estrategias.
La fiscal de Derechos Humanos Verónica Simesen de Bielke hizo una exposición prolija, no de la enfermedad, sino el trato que se está dando a la pandemia. Dos referencias fueron contundentes y pueden resultar inapelables porque no fue testigo sino protagonista de un doloroso periplo por el sistema habilitado para tratar la situación sanitaria.
La funcionaria judicial destacó que el sistema público está devastado. No hay insumos para hacer hisopados y tampoco una comunicación eficiente para lograr lo que se demanda desde la publicidad oficial. No es posible desarrollar responsabilidad social frente a lo que no se conoce cabalmente. En su búsqueda de atención a su caso se enteró que ya no serán hisopadas las personas que son asintomáticas, cuestión que el COE que preside la ministra de Salud Josefina Medrano no ha informado debidamente.
Otra situación denunciada es que quienes tienen mayores recursos, también tienen mayores posibilidades de atravesar el trance de ser un Covid positivo con bajo riesgo. “Si tenés plata, buenísimo; y si no tenés plata, te dejarán ahí tirado”, aseguró la fiscal Simesen de Bielke, quien obtuvo el diagnóstico por la vía privada.
No hay contención a los pacientes, fue otra de sus aseveraciones y consideró que a quienes deben atenderlos el interés se les despierta cuando van camino a la terapia intensiva.
Por ese aspecto transitó el relato del administrativo del hospital cabecera de la pandemia, contagiado junto a su familia que incluye un niño discapacitado. Fue recluido en un hotel y abandonado sin mayores consideraciones, según la carta abierta dirigida al Gobernador de la Provincia por redes sociales.
En ambos, el cuestionamiento llegó a la solvencia profesional de las respuestas que se obtienen en el sistema. Decisiones contradictorias y actitudes abandónicas, no ayudan a tratar un estado que cuando tiene síntomas son dolorosos e impactan en la psiquis de quienes han logrado superar la enfermedad. Así, al menos, lo indican los antecedentes que se van acumulando en torno de un problema sanitario grave y desconocido.
Si bien se comprende que el Gobernador es el responsable político de una provincia afectada por la pandemia, sólo se le puede demandar que revise la eficacia de la conducción de la emergencia y del Ministerio de Salud y realice las correcciones necesarias. De esa manera no habrá quién le demande haber hecho de menos en estas duras circunstancias.
Salta, 25 de agosto de 2020







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