Necesitamos generar un movimiento ético en Salta

Opinion 28 de julio de 2020 Por Santos Jacinto Dávalos
La corrupción entre nuestros gobernantes es un hecho que la mayoría entiende como cierta.
etica

Incrementos patrimoniales inusitados. Intendentes que zafan luego de múltiples condenas. Otro que afirma que para robar hay que ser muy inteligente y que él era muy inteligente. Otro que forma sociedades con otro intendente y que esconde toda la maquinaria de su municipio. Muchos que no rinden cuenta. Gastos reservados exagerados. Concejales, diputados y un intendente que gestionan y en algunos casos obtienen el IFE de la Nación.

Gobernantes que juran cumplir con la constitución, ejerciendo durante solo un mandato, y que luego la reforman para continuar gobernando. Esto ha ocurrido tanto en la Nación como en Salta. 

Un gobernador que intenta que por ley los mandatarios siguientes se obliguen a mantener una Corte de Justicia de amigos, consiguiendo en el Senado unanimidad en la aprobación de esa sandez jurídica. 

Ante el fracaso de esa movida, Jueces de Corte que juraron un mandato de seis años, siendo en su mayoría miembros de la Asociación de Magistrados que promueve la acción, intentan quedarse por toda la vida o hasta que se jubilen, utilizando la Corte de Justicia como trampolín para procurar una reforma constitucional totalmente anómala. 

Un gobernador que con su influencia monárquica obliga a la legislatura a aprobar un préstamo monstruoso en dólares, y designa al hermano como administrador y salvador del norte salteño en una suerte de reparación histórica. Las obras están inconclusas y no se ha rendido cuenta, ante la inacción de la Auditoría.

Normas constitucionales que no se cumplen. Un gobernador que no convoca a elecciones en cuatro municipios sin intendente electo. Los consumidores no tienen el lugar que les asigna la constitución salteña para integrar los servicios públicos y el órgano de control. La igualdad de la mujer con el hombre, la participación de las minorías, la igualdad del voto y la democracia participativa, consagradas en nuestra constitución, no tienen lugar.

El nepotismo, es decir la designación de parientes en la función pública, es norma corriente tanto en los cargos administrativos como en los judiciales, impidiendo que las personas con más mérito ocupen esos espacios.  

Se utiliza el dinero del Estado para favorecer o apretar periodistas con la pauta publicitaria. Con esos fondos promueven su imagen.

El último gobernador utilizó los recursos del Estado, en especial sus aviones, para su campaña presidencial indebidamente. ¿Y los fiscales y la Auditoría? Bien gracias!

Salta no tiene un plan estratégico de inserción en la Argentina, Sudamérica y el mundo. La noción del Norte Grande nació en Salta y está olvidada. El Centro Oeste Sudamericano, como región con  similares necesidades e idéntico abandono por sus metrópolis, teoría y práctica generada por empresarios salteños, perdió fuerza.

La verdadera grieta en Salta está en la educación. Quién puede enviar a sus hijos a estudiar en instituciones privadas lo hace, por la pérdida de calidad de la educación pública. La prueba evidente de ello es que los tres últimos gobernadores, a más de jueces, ministros de Corte, senadores y legisladores nacionales, ministros del PE, se han formado en la misma institución educativa privada.

Cómo podemos superar la ineficiencia, la corrupción, la pérdida de valores, la carencia de una visión de futuro? La solución no está en manos de los políticos actuales, que salvo honrosas excepciones, son tristes buscavotos. La solución está en nosotros mismos. Pero debemos cambiar. Entre todos conformar un gran movimiento ético, que modifique los ejes de la política, para sustentarla en el futuro en la alegría y el honor de servir a la comunidad. Para que una  maestra sea más importante que un diputado. Para que un médico o una enfermera sean mejor vistos que un senador. Para que los futuros conductores del gobierno conozcan cómo funciona el mundo, único modo que podamos insertarnos en él. Para que cuide la madre tierra, pues su muerte es la muerte de todos nosotros. Para que respeten los derechos humanos. Para que nuestros gobernantes vuelvan a ser un ejemplo digno de imitar. Para que Salta deje de ser la vergüenza de Argentina por sus indicadores socio-económicos.

La política, como está organizada hoy, requiere de muchísimo dinero. Nuestros dirigentes, si quieren ganar, deben tener los medios económicos para lograrlo. Y ese dinero sale de los grandes empresarios vinculados con los negocios y la obra pública, que después se devuelve multiplicada en favores especiales. O sale de las arcas estatales fraguando comprobantes, inventando gastos inexistentes o en el mejor de los casos, de los gastos reservados. Los votos de una comunidad desorganizada hay que buscarlos con los medios de difusión y también en las redes. Hay que hacer encuestas,  pagar pintores y pegatineros,  formadores de opinión, especialistas en política, la organización de actos, traslados de votantes, etc. No solo se debe organizar el acto electoral donde se eligen autoridades, sino también incurrir en los gastos innecesarios de la elección de candidaturas, que desnaturaliza los partidos políticos pues los no afiliados pueden resolver las nominaciones, que solo debieran quedar en manos de sus partidarios.

Podemos en la búsqueda de la ética cívica desarrollar tareas políticas como movimiento, pues la Constitución de Salta lo permite en forma expresa, para ir subiendo peldaños en el largo ascenso de la recuperación de los valores. A un pueblo organizado a través de los valores, no se le obtiene el voto con publicidad. Hace falta integridad en los postulantes, experiencia en el gobierno y propuestas que se cumplan. Ya no harán falta fortunas para ser candidatos, por lo que no necesitarán vender su alma al diablo.

Pero también necesitamos de una ética moral, que es familiar, que es personal, pero que debe ser colectiva. No podemos pensar en un gobierno honesto y eficiente, si nosotros mismos no somos honestos.

Una Argentina y una Salta más justa, es posible

Hasta la próxima 

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