Consejo

Opinion 14 de mayo de 2020
La ciudad de Rosario de Lerma ha sido escenario de un hecho bochornoso, cuando se atacó a una enferma de coronavirus y a un equipo de traslado, llegando incluso a producir daños materiales a una ambulancia y poner en riesgo a los paramédicos. El hecho tiene dos aspectos que vale destacar.
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Se reconoce el llamado Estigma del COVID-19, que tiene antecedentes en cada pandemia que a lo largo de la historia de la humanidad se ha registrado. Se caracteriza por culpar y avergonzar a ciertos grupos por ella, convirtiéndose en una conducta que es una amenaza para todos, porque la investigación de epidemias pasadas ha demostrado que el estigma perjudica los esfuerzos para hacer pruebas de detección y para tratar la enfermedad. 

El personal de la Clínica Mayo, un centro sanitario de prestigio internacional, advirtió de este problema, identificó a los grupos que se ven afectados por este estigma y las consecuencias  las acciones negativas que se ejercen sobre esas personas. Parte de reconocer que cuando un brote de una enfermedad infecciosa se convierte en pandemia es lógico que la gente esté asustada y preocupada. Esa actitud termina creando dificultades y divisiones que entorpecen la respuesta a la pandemia, porque la gente se niega a la atención oportuna y necesaria.

Se conoce que en distintas partes del mundo, y Argentina no es una excepción, hubo hostilidad contra personas de ascendencia asiática y las que regresan de un viaje. Inexplicablemente también sobre trabajadores de la salud y, por supuesto, las personas que tienen la enfermedad, sus familiares y amigos y contra las que recién salen de la cuarentena. En algunos casos se los invita a abandonar sus domicilios porque no los quieren cerca y se ha llegado a negar acceso a trabajos u oportunidades de educación. El ataque más común es el maltrato verbal, emocional, y físico.

Ello lleva a que las personas se sientan aisladas, abandonadas., deprimidas, heridas, y enojadas. El estigma daña la salud y el bienestar de la gente de muchas maneras, dice la Clínica Mayo. 

El otro aspecto que emerge del caso de Rosario de Lerma es la manipulación política. Se utiliza el malestar social para promover reacciones públicas negativas que van contra quienes tienen la responsabilidad de mantener una armoniosa convivencia comunitaria. También están quienes se montan sobre esa efervescencia para dar razón a lo irrazonable.

Es el momento de ir reduciendo las posibilidades que cada nuevo caso sea motivo de movilizaciones como las que protagonizaron en marzo los vecinos del hospital Papa Francisco para que no reciba enfermos de coronavirus o como la del martes pasado. Tampoco deben repetirse las calificaciones denigrantes, como la pronunciada sobre un trabajador golondrina que viajó ilegalmente desde el sur, portando el virus.

Hay que buscar la verdad, disipando los temores y los rumores. La educación es una manera de luchar contra el estigma, dicen los especialistas, porque ayuda a destruir estereotipos perjudiciales. 

Es un buen consejo a seguir.

Salta, 14 de mayo de 2020

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