Insensatez

Opinion 19 de febrero de 2020
La muerte de ocho niños que vivían en condiciones de extrema vulnerabilidad sigue siendo el dato que sintetiza la intensa movilización de los gobiernos nacional, provincial y municipales en los tres departamentos declarados en emergencia en la Provincia. Según quien es el vocero de la situación, el problema es la carencia de alimentos, la falta de agua potable, la decadencia del sistema sanitario, el total abandono de las comunidades originarias, una cultura diferente. Es todo eso, es la extrema pobreza.
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El otro punto es sobre quien recae la responsabilidad. La referencia más vaga son los últimos 500 años de historia; la más precisa por la cercanía, es la acusación sobre los 12 años de gestión de Juan Manuel Urtubey, el gobernador que exaltó sus esfuerzos por la cuestión social, que –decía- le permitió bajar notoriamente la mortalidad infantil, que secularmente fue elevada. 

Una de sus medidas más llamativas fue la creación del Ministerio de la Primera Infancia, decisión aplaudida especialmente por Conin, la Cooperadora para la Nutrición Infantil, que hace 26 años creó Abel Albino. El polémico pediatra mendocino se mostró en diversas oportunidades junto al ex mandatario salteño y el nombre de su institución aparece identificando los Centros de Prevención y Cuidado Nutricional que se habilitaron en la Provincia.

Cuando estalló la  crisis sociosanitaria, desde el Presidente de la Nación a observadores de la realidad salteña lamentaron que en estos tiempos haya niños que mueran de hambre. Una de las medidas más conducentes fue  presentada en el Senado provincial, solicitando una auditoría al exministerio de Primera Infancia y a los convenios con CONIN. De autoría del senador José Ibarra, de Guachipas, requiere información sobre la totalidad de los montos invertidos por esa cartera en la construcción de centros comunitarios, adquisición de mercadería y equipamientos, tareas de prevención sanitaria y erradicación de desnutrición infantil.

En los fundamentos del requerimiento se recordó que el exgobernador Urtubey presentó la relación con la fundación CONIN como una alianza estratégica entre el Gobierno conjuntamente con el Obispado de Orán y la Universidad Nacional de Salta y la mostró en un acto del que participaron sus principales referentes, además de representantes de Microsoft, que suministró una plataforma para la sistematización de datos, de los que no se tienen noticias. También se hizo referencia a un informe oficial que dio cuenta que no hubo una reducción de la desnutrición infantil de 0 a 2 años, de 2013 a 2017, lapso en que se registraron guarismos que giraron en torno del 1,9 por ciento, demostrando la ineficacia de la metodología de CONIN.

Ni la institución ni Albino se pronunciaron frente a la vinculación que se hizo con el drama de la desnutrición hasta ayer, cuando a través de un comunicado oficial, dijeron que “Responsabilizar a Conin de las muertes de niños wichí en el último verano a causa de diarreas estivales – cosa que lamentablemente ocurre todos los veranos desde hace décadas – es no solo una insensatez, sino una calumnia notoria”.

Será una insensatez si allí se agota la búsqueda de la raíz de la tragedia humanitaria.

Salta, 19 de febrero de 2020

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