Mal de Panamá: el hongo que amenaza a los cultivos de banana

Mientras Nación sostiene que los controles del Senasa son suficientes para garantizar la seguridad, los productores salteños reclaman mayores garantías y advierten que una falla sanitaria podría poner en riesgo años de inversión.
Salud28/07/2026Rocío Monteros Di PietroRocío Monteros Di Pietro

BANANAS HONGOS

La discusión por la eliminación de las restricciones fitosanitarias al ingreso de bananas volvió a poner en el centro de la escena una amenaza que preocupa a los productores de Salta y Jujuy: el Mal de Panamá, una enfermedad causada por un hongo que puede provocar la destrucción total de una plantación y dejar inutilizado el suelo durante décadas.

El responsable de esta enfermedad es el hongo Fusarium oxysporum f. sp. cubense (Foc), un patógeno que afecta principalmente a las raíces de la planta de banana. Una vez que ingresa a un campo, puede permanecer en el suelo durante muchos años, incluso aunque ya no existan plantas infectadas.

El temor de los productores es que el ingreso de material contaminado pueda romper la barrera sanitaria que durante décadas protegió a las zonas productoras de Argentina, principalmente Salta y Jujuy.

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¿Qué es el Mal de Panamá?

El Mal de Panamá es una de las enfermedades más graves que afectan al cultivo de banana a nivel mundial. El hongo penetra por las raíces, invade el sistema vascular de la planta e impide que el agua y los nutrientes lleguen correctamente a las hojas.

Los primeros síntomas suelen ser:

  • Amarillamiento y marchitamiento de las hojas más antiguas.
  • Caída progresiva del follaje.
  • Debilitamiento de la planta.
  • Muerte de la banana.

Una vez que el hongo se instala en un terreno, la producción puede quedar comprometida por años.

¿Por qué preocupa tanto a Salta?

La preocupación no está puesta en la fruta que llega para consumo, sino en la posibilidad de que el patógeno ingrese a través de restos vegetales, hojas, tierra adherida o materiales que hayan estado en contacto con plantas infectadas.

“El hongo no viene en la fruta, pero si dentro del cajón hay restos de hoja de banana o algún residuo, o el mismo cajón estuvo en contacto con hojas de banana, ahí puede transportarse el patógeno”, explicó el secretario de Desarrollo Agropecuario de Salta, Diego Dorigato.

El funcionario señaló que, si el hongo ingresara a una plantación, las consecuencias serían graves: “Hay que destruir las plantaciones y esperar hasta 30 años porque en el suelo se mantiene para poder volver a plantar banana”.

Una amenaza sin tratamiento efectivo

Uno de los principales problemas del Fusarium es que actualmente no existe un método capaz de eliminarlo completamente una vez presente en el suelo.

Las estrategias utilizadas en el mundo apuntan principalmente a la prevención, mediante controles sanitarios, uso de plantas certificadas libres de enfermedad, limpieza de herramientas y restricción del movimiento de materiales que puedan transportar el hongo.

Un problema que ya afectó a otros países

El Mal de Panamá ya generó importantes pérdidas económicas en distintas regiones productoras del mundo. Una de las variantes más agresivas del hongo, conocida como Raza Tropical 4 (TR4), afectó plantaciones en Asia, África y América Latina, generando preocupación por su capacidad de propagación.

La enfermedad tiene especial impacto porque gran parte de la producción comercial utiliza variedades de banana con poca diversidad genética, lo que aumenta la vulnerabilidad frente al patógeno.

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La discusión que se abre en Argentina

Con la Resolución 114/2026, el Gobierno nacional eliminó una normativa vigente desde 1994 que impedía el ingreso de banana extranjera a las provincias productoras.

Mientras Nación sostiene que los controles del Senasa y de los organismos sanitarios internacionales son suficientes para garantizar la seguridad, los productores salteños reclaman mayores garantías y advierten que una falla sanitaria podría poner en riesgo años de inversión.

La preocupación central del sector es que una enfermedad sin cura pueda ingresar a través de una vía que, una vez abierta, sea difícil de controlar.

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