El día que la muerte de Perón frenó al Mundial y golpeó a la Selección argentina
La muerte de Juan Domingo Perón no solo paralizó a la Argentina. También tuvo impacto en el Mundial de Alemania 1974, donde la Selección argentina analizaba si debía continuar en competencia o regresar al país.
En su columna en N&N, por Aries, el historiador Nicolás Gana recordó que Perón murió el 1 de julio de 1974, a los 78 años, en un contexto político marcado por una fuerte conflictividad interna dentro del peronismo y una creciente crisis de poder.
Mientras en Buenos Aires se organizaba un funeral multitudinario, la noticia llegó a la delegación argentina que disputaba la Copa del Mundo. Según repasó Gana, ante el impacto del fallecimiento, la Selección llegó a evaluar la posibilidad de renunciar al torneo y volver al país.
Sin embargo, desde el Gobierno se ordenó que el equipo permaneciera en Alemania y continuara disputando la competencia.
La repercusión internacional fue tal que la FIFA dispuso un minuto de silencio por la muerte de Perón en los cuatro partidos programados para el 3 de julio. La particularidad fue que el homenaje no se realizó antes del inicio de los encuentros, como ocurre habitualmente, sino al minuto 10 del primer tiempo.
En ese momento, sin importar dónde estuviera la pelota ni cómo se desarrollara el juego, el árbitro detenía el partido y los futbolistas quedaban inmóviles en el campo durante un minuto.
Argentina jugó ese mismo día contra Alemania Oriental. El equipo salió a la cancha con la bandera a media asta y los jugadores usaron brazaletes negros. El partido terminó 1 a 1, con gol argentino de René Houseman.
De acuerdo con la crónica repasada por Gana, Houseman habría festejado su gol gritando “Perón, Perón”, en una muestra del clima político y emocional que atravesaba al país incluso a miles de kilómetros de distancia.
El historiador también recordó la magnitud del funeral en la Argentina: el cuerpo de Perón fue velado primero en la Quinta de Olivos, luego trasladado a la Catedral y finalmente al Congreso, donde miles de personas intentaron despedirlo.
El episodio dejó una postal histórica: mientras el país atravesaba uno de sus momentos políticos más intensos, la Selección seguía jugando un Mundial bajo el peso de una noticia que había sacudido a la Argentina y al mundo.