Opinión20/06/2025

Inspiración

La Argentina vive hoy una de sus efemérides patrias más importante. Es el Día de la Bandera, un homenaje al símbolo patrio en el día en el que en 1820 murió su creador, Manuel Belgrano, un prócer cuyo pensamiento tiene plena vigencia.

Sus ideas atravesaron estos últimos 205 años porque su sabiduría las torna indiscutibles. Y vale repasarlas cuando las crisis requieren decisiones precisas. 

Hay coincidencia entre los historiadores en apreciar que su talento superó su calidad de estratega militar, de jurista y de político. Investigadores de la talla de Felipe Pigna o Rubén Ernesto Seijo ponderan en Belgrano su condición de economista.

En circunstancias en que se ha comenzado a diseñar la reforma laboral propuesta en el Pacto de Mayo como una de las bases del desarrollo nacional, sirve tener en cuenta las propuestas de quien estuvo en el nacimiento de este país. Precisamente en las bases del ideario de Belgrano está la centralidad del trabajo como creador de valor. Es destacada su defensa de la industria nacional y de la educación pública y gratuita para mujeres y hombres en igualdad de condiciones y vinculada al sistema productivo y la generación de empleo.  Un país próspero, justo y soberano como pretendía este gran pensador necesitaba de este conjunto de valores.

En su doctrina económica identifica a la agricultura como fuente de generación de riquezas, pero el destino de ésta no debía ser exportar materias primas sin agregarles valor, interpreta Seijo. La economía debía basarse en un desarrollo armónico y éste requería de la interacción de los tres ejes estratégicos clave Agricultura-Industria-Comercio; hay allí una secuencia lógica que respeta el proceso de extracción de recursos de la naturaleza, su transformación agregando valor mediante el trabajo y su posterior comercialización. 

Al considerar al trabajo como principal generador de valor, lo reconocía como actividad que dignifica al ser humano. En ese marco identificó los inconvenientes que afectaban a quienes vivían de su labor, como el bajo salario, la precariedad de la vivienda, la falta de instrumentos adecuados y en el caso de la agricultura, que era lo que estaba desarrollado en los tiempos de su actuación, la carencia de propiedad de las tierras, a la que calificó como “el mal de donde provenían todas las infelicidades y miserias”. 

Sus ideas definitivamente eran de avanzada al punto que hay quienes se respaldan en ellas para fundar iniciativas vinculadas, por ejemplo a  una verdadera reforma agraria basada en la expropiación de las tierras en desuso para entregarlas a los agricultores sin tierra. Manuel Belgrano sabía que el incremento de la productividad debía motivarse con premios, buenos salarios y capacitación de los trabajadores. Los veía como consumidores, una condición no muy valorada actualmente aún cuando pocos discuten que el consumo es dinamizador de la economía.

Los debates actuales pueden tener un marco inspirador en las propuestas de Belgrano, que dejó para la posteridad el símbolo más categórico de la identidad argentina. Con la misma fuerza pueden sostenerse las sendas a transitar para realizar el gran país que soñó el creador de la bandera.

Salta, 20 de junio de 2025

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