Cambio de gobierno y políticas de Estado
Comienza una nueva etapa para todos en Argentina. No es momento de poner palos en la rueda y tampoco de dejar de lado convicciones y principios en los que creemos y por los que luchamos.
Tenemos que establecer parámetros de convivencia diferentes y erradicar la dialéctica amigo-enemigo como lógica de construcción política.
No va a haber una transformación profunda en la Argentina si no hay un sistema político cooperativo que nos permita generar confianza.
Uno de los problemas del país es la refundación que se da, sistemáticamente, cada cuatro años. No hay casi política de Estado, más que la pelea, la negación de lo anterior y el deseo de hablar del pasado en vez de hacer sobre el futuro.
La solución para nuestro país, para los argentinos, pasa por llegar a acuerdos básicos que nos lleven a políticas de Estado centrales. Debemos aprender que los acuerdos se hacen entre quienes piensan diferente y actuar en consecuencia.
Los consensos transmiten el mensaje de que un cambio de gobierno no equivale a un cambio de régimen o a un cambio de reglas.
Un país con políticas de Estado implica que los cambios de gobierno cambien menos cosas y no se trata de tener gobiernos menos fuertes, sino que todos los sectores sean más fuertes para que el rumbo que elijan los que gobiernan no quiebre procesos en marcha y potencie los que cree que deben crecer.
Los problemas de los argentinos son demasiado grandes y dolorosos para que lo que llamamos política, pero en realidad es solo poder, se dedique a especular, se crea dueño del país o sueñe con el fracaso de quienes fueron elegidos por el pueblo. Las tres prácticas terminan, invariablemente, con el mismo resultado: un nuevo desastre para la gente.
Necesitamos de todos para hacer ese país. No hay hombre, no hay mujer, no hay partido político o Frente electoral que lo pueda hacer solo. Ya sabemos adonde llevan la mezquindad y la ceguera. Tenemos que dejar de lado esas mezquindades y esa perversa vocación del poder por el poder mismo. Este pueblo argentino es víctima de la soberbia y el mesianismo.
No hay soluciones personales para los argentinos tan lastimados frente a tamaña crisis.
Hay que salir hacia adelante con coraje y compromiso.
Tal como lo enseña nuestra historia, tenemos que trabajar juntos para tratar de pegar los pedazos de un país destruido y hacer realidad la esperanza de más de 45 millones de argentinos de alcanzar ese futuro que siempre sentimos se nos escapa entre los dedos.
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