Opinión Antonio Marocco 03/07/2025

Volver a la política como servicio al otro

Aparentemente, según nos adelantaron los meteorólogos, por estas horas empezará a cambiar el tiempo y atrás quedará la ola polar que nos marcó la última semana. Aprovechemos el sol y subamos las defensas.

Los salteños no estamos tan acostumbrados al frío húmedo, hubo muchísima gente menos en las calles, y no son pocos los que comentaron esta semana que así eran los inviernos de antes. ¿Será? De todos modos, a seguir abrigados y a no bajar la guardia que julio recién empieza.

Esta semana se cumplió un nuevo aniversario de la muerte del presidente Juan Domingo Perón. Pasaron ya 51 años de aquel velorio que enluteció a todo un pueblo y de aquella ausencia de la que se aprovecharían los grupos de poder que condujeron a la degradación política, social y económica de la Argentina. 

La gravitación de Perón puede medirse en la vigencia de su figura. No hay día que no esté presente en las emociones o los argumentos de seguidores, detractores, e incluso entre aquellos que se autoperciben independientes. 
Sólo una cosa no hay, decía Borges: Es el olvido.
Dios, que salva el metal, salva la escoria
y cifra en Su profética memoria
las lunas que serán y las que han sido. (Everness 1963)

Resulta justo entonces homenajear a ese gran presidente que trascendió su tiempo y su espacio. Y pienso que no es tan valioso el homenaje en términos de efeméride como el homenaje activo que invita la acción. Porque, como decía el General, mejor que decir es hacer.
En esa línea, resulta difícil pensar en la obra de Perón sin reflexionar sobre la reacción del antiperonismo y el daño que tantas vidas, conflictos y postergaciones trajo a la Argentina. Urge pensar en el nuevo (o no tan nuevo) fenómeno de la antipolítica que nos trajo hasta acá. ¿Por qué la política perdió credibilidad, sobre todo en los jóvenes? ¿Por qué la antipolítica de la indiferencia derivó en un antiperonismo rabioso? ¿Qué pasó para que se acuse de casta al movimiento político que con mayor contundencia desafió a las verdaderas castas del poder en la Argentina en favor del pueblo?

Perón entendió mejor que nadie que la política es un servicio para el otro. Servirse de la política es un acto desleal de nuestra propia doctrina, y servirse de nuestra doctrina para uno mismo genera lo que hoy estamos viviendo.

¿De dónde viene la antipolítica? La respuesta está en la propia generación política a la que pertenecemos. La que cambió la pensión o la casa del barrio por el country. La que cambió la Renoleta por el auto de alta gama. La que no le devolvió la mano al amigo que ayudaba a llegar a fin de mes y pasó a la caja de caudales de los bancos. La que dejó de surcar las rutas argentinas y empezó a frecuentar destinos en el exterior.

El fenómeno de la actividad política como trampolín hacia una vida de privilegios es un flagelo transversal en muchos países y en casi todos los partidos políticos, pero la sociedad argentina al peronismo se lo factura mucho más, y con justa razón, pues la austeridad y la honradez son valores que defendemos en pos de la justicia social.

Durante mucho tiempo el peronismo fue usado al servicio de sectores e intereses económicos ampliamente contrarios a su doctrina. Cuando la política termine de comprender y asumir que estas son las propias ideas que generaron la antipolítica, cuando hagamos esa reflexión, vamos a volver a caminar el sendero que nos enseñó Perón: el que marca que la política es para transformar realidades y mejorar a la gente. 

Esa reflexión compartimos con compañeros de toda la provincia en la ciudad de Metán, durante un acto muy sentido en el que depositamos una ofrenda floral en el busto del General Perón como gesto simbólico y como mensaje de unidad. También en la misa que se ofició en su memoria en la iglesia San Francisco, poniendo en relieve la importancia del humanismo cristiano en estos tiempos de convulsión extrema y división.

Que sea el puntapié para el reencuentro de los salteños y los argentinos que creemos en la política como esa herramienta de transformación con la que Perón cambió para siempre la Argentina.

Mientras a nivel nacional el Congreso naufraga a fuerza de agresiones y rencillas vulgares, de espalda a un pueblo que exige soluciones, en Salta nos encaminamos a un proceso de renovación legislativa que deberá estar a la altura de los tiempos: codo a codo con la sociedad que representa y firme en la defensa de los intereses de los salteños. Es el mejor camino que nos queda. 

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