Por qué 2022 es uno de los peores años de incendios en el Delta del Paraná

El País 22 de septiembre de 2022
La superficie quemada ya superó en un 70% a la del 2021. La sequía por el fenómeno de “La Niña” y la falta de prevención de fuegos podrían complicar aún más la situación
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Las miles de hectáreas que quedaron reducidas a cenizas en el Delta del Paraná volvieron a poner la ley de humedales en la agenda del Congreso, que volverá a tratar hoy el tema. La nube que invadió las casas de millones de rosarinos, y que motivó el pasado fin de semana una masiva movilización en esa ciudad, revela un fenómeno climático extraordinario que está en ascenso y que puede volver a repetirse.

La superficie quemada en el Delta del Paraná será prácticamente el doble en 2022 en comparación con el año pasado. La zona afectada por los incendios en esa zona llegaba la semana pasada a 267.000 hectáreas afectadas, según el seguimiento realizado por el Servicio Nacional del Manejo del Fuego (SNMF), un organismo que depende del Ministerio de Ambiente, en base a imágenes satelitales.

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Los datos oficiales analizados por la Unidad de Datos de Infobae indicaron que los incendios en el Delta representan el 62% del total registrado en todo el país. La mayoría se registró en Entre Ríos, pero también en la frontera provincial con Santa Fe y una zona del norte de la provincia de Buenos Aires.

Como suele ocurrir habitualmente, agosto fue el mes con mayor cantidad de incendios: casi el 60% de la superficie quemada en el Delta del Paraná se registró el mes pasado. Lo mismo ocurrió en 2020, el peor año de las últimas décadas y, según los expertos, esto ocurre por una práctica vinculada a la actividad ganadera.

“El sector ganadero utiliza una práctica arcaica de quemar los pastizales viejos para darle lugar, con la llegada de la primavera, a los nuevos. Creen erróneamente que quemar lo que quedó ayudará a ‘limpiar’ el campo para que las lluvias de septiembre alimenten los nuevos brotes. Esto está demostrado que no sirve”, explicó Leonel Mingo, líder de la campaña de Humedales en Latinoamérica de Greenpeace.

El contexto ambiental, que incluye una histórica sequía y la bajante del río Paraná, potenció las consecuencias de las llamas. “Este fuego antes se terminaba apagando por las características propias del Delta del Paraná, que tenía muchos canales de agua en movimiento, la mejor forma de controlar un incendio. Pero desde 2020, las bajantes del río más la sequía dieron lugar a pastizales secos sin canales. Ya no hay nada que controle el fuego, entonces los incendios se desmadraron”, agregó el ambientalista.

La problemática ya había quedado expuesta en 2020, el peor año de las últimas décadas, pero los incendios del mes pasado despertaron preocupación porque el humo de los pastizales entrerrianos llegó hasta Rosario, con consecuencias directas en el día a día de la población. La movilización fue inédita: 10.000 personas se manifestaron el fin de semana en esa ciudad para reclamar una ley de humedales que permita prevenir y castigar este tipo de incendios.

“Está claro que es un año muy complejo, muy crítico en materia de incendios”, aseguró Sergio Federovisky, viceministro de Ambiente. “La situación es malísima: hay siete provincias afectadas en este momento. La sequía extrema ya lleva tres años consecutivos con registros cada vez menores de lluvias año tras año y esto genera un escenario muy propicio para los incendios”, indicó ante la consulta de Infobae.

La Cámara de Diputados debatirá hoy sobre los proyectos de ley presentados sobre este tema, pero el fenómeno climático conocido como “La Niña”, que instaló una sequía inédita en distintos lugares del país, podría complicar más la situación aún con la existencia de una ley sobre el tema.

Incendios también en verano

Más allá de los incendios de agosto, también hubo focos en el Delta del Paraná en meses que, según los expertos consultados por Infobae, no suelen ser habitualmente propicios. El último enero, por ejemplo, fue el más violento en términos de fuegos desde que se toma este registro satelital en la zona: fueron casi 34.000 hectáreas quemadas en ese período, el doble que el año anterior. También junio de este año fue otro mes récord en incendios forestales.

Pero la situación podría ser aún peor. El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) aseguró en un informe al que accedió este medio que sólo entre enero y febrero de este año la superficie que quedó bajo fuego en Entre Ríos fue de 88.000 hectáreas. Este número duplica la medición realizada por el SNMF para esos primeros dos meses del año.

El INTA detectó este crecimiento en los incendios forestales en base a imágenes satelitales provistas tanto por la NASA como por la Agencia Espacial Europea que, en ambos casos, primero detectan los focos de calor por encima del promedio en la zona y, luego, miden la superficie quemada en base al color oscuro que queda sobre los pastizales después de haberse quemado. Estos números están por encima de lo que informan las propias provincias al gobierno nacional.

Entre Ríos, una de las provincias más afectadas por los incendios forestales en esta zona, informó oficialmente apenas 2300 hectáreas quemadas en todo 2022, un número que difiere sustancialmente de las mediciones satelitales realizadas por otros organismos oficiales del gobierno nacional. Sobre Gustavo Bordet, el gobernador de Entre Ríos, se centra el malestar político de sus vecinos. El mapa satelital elaborado por el SNMF muestra que en ese territorio provincial se multiplicaron los incendios durante julio y agosto.

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Más de la mitad del territorio argentino atraviesa una sequía sin precedentes en los últimos tres años por el fenómeno climatológico conocido como “La Niña”. Eso se combina con el aumento de las temperaturas y las habituales olas de calor por el calentamiento global, lo que genera un ambiente propicio para la expansión del fuego en superficies como malezales y pastizales, en especial en las regiones del centro y el norte del país.

La pelea política llegó hasta el Obelisco

Rosario quedó la semana pasada bajo el humo. Las lluvias del fin de semana aliviaron la situación, pero no calmaron el malestar político. Primero, un grupo de intendentes de los departamentos santafesinos afectados protestó el pasado jueves en el Obelisco para hacer visible la problemática que sufren habitualmente como consecuencias de los incendios en el Delta del Paraná. Después, una manifestación de unas 10.000 personas llegó hasta Rosario para reclamar una ley de humedales.

“Estamos muy preocupados porque esto trae inconvenientes para la salud de un área en la que habitan 1.800.000 personas. Tenemos una situación insostenible que llega hasta Zárate o San Pedro, en la provincia de Buenos Aires. Y ya sufrimos varios accidentes viales debido a la escasa visibilidad en el puente Rosario-Victoria”, dijo Pablo Javkin, intendente de Rosario, en una entrevista con Infobae.

El ministro de Ambiente, Juan Cabandié, fue aún más directo: “Solicitamos a la Justicia que metan a alguien en cana. A los dueños de los campos. Los nombres los tienen”, dijo el viernes mientras recorría las zonas afectadas por el fuego en el Delta del Paraná. La posibilidad más concreta para judicializar los incendios intencionales es agregar la cuestión dentro de la ley de humedales que se está discutiendo en el Congreso, pero la responsabilidad penal no está incluida en el proyecto que se debate hoy.

Infobae

 

 

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