16 de septiembre

Opinion 21 de septiembre de 2022 Por Guillermo Martinelli
Hace algún tiempo, más específicamente en el año 2012, con motivo del bicentenario de la Batalla de Salta, el Concejo Deliberante mediante ordenanza dispuso cambiar el nombre de la Avda. Virrey Toledo por Bicentenario de la Batalla de Salta.
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Medida esta que levantó polvareda de distinto condimento, desde los que reivindicaban la calidad de la orden dada por el virrey del Perú por sobre los atropellos sanguinarios a la población indígena de esta parte sur del continente americano, las explotaciones humanas con la mita, el yanaconazgo y la encomienda de indios vivos, del saqueo de las riquezas peruanas y tantas tropelías humanas y materiales realizadas por éste y otros colonizadores. También estuvieron en esa polvareda los que siendo residentes, sobre todo comerciantes, aludieron que el cambio de denominación de la avenida les perjudicaría en sus negocios y otros argumentos. Sin embargo triunfó la nueva denominación, que ya lleva una década de vigencia.

Hay una calle en nuestra ciudad que tiene una vigencia superior, de varias décadas, pero los distintos Concejos Deliberantes que pasaron por la municipalidad, al igual que los intendentes, no atinaron a cambiar su nombre.

Dar el nombre de alguien o de hechos a las calles es dotar de una memoria presente, de un verdadero homenaje a personas que los merecen o remarcar hechos significativos para que los habitantes de la ciudad convivan con ellos tanto en reconocimiento como en el ejemplo, entre otros valores.

Desde hace muchos años, más específicamente desde el asentamiento democrático de 1983 a esta parte, ya no hay quien públicamente reivindique los golpes de estado en la Argentina. Sin embargo la Municipalidad de Salta sigue manteniendo el nombre 16 de Septiembre de una importante calle del sur de la ciudad.

El 16 de Septiembre de 1955 se produjo el sanguinario golpe de estado de un sector de las fuerzas armadas y sectores civiles que actuaron tanto en ese día como en los posteriores como comandos civiles. Ese golpe se llamó Revolución Libertadora, que depuso al presidente Juan Domingo Perón al que antes en junio intentaron matar con bombardeos en la Casa Rosada y en la Plaza de Mayo, en la que perecieron dos educadoras salteñas.

Seguir homenajeando la Revolución Libertadora con el nombre de esa calle es una ignominia para el presente y la reivindicación de una práctica antidemocrática y sanguinaria.

Seguramente el Concejo Deliberante tiene muchas tareas, al igual que la señora Intendenta, pero debieran darse un espacio para no permanecer mudos frente al inmerecido homenaje a los golpistas y depredadores de la democracia, vida y libertad de los argentinos.

Revocar ese nombre, mas allá de un acto de pureza democrática, será también de respeto a los muertos, perseguidos y encarcelados ciudadanos que padecieron la tragedia de esa mal habida Revolución Libertadora. 

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