El fin de una esperanza

Opinion 19 de julio de 2022 Por Jorge Folloni
Las ligeras esperanzas que pudo haber brindado, la asunción de la nueva ministra de economía, quien llegara a ese cargo por descarte, pues ningún otro especialista que se preciara quiso aceptarlo en estas circunstancias, se desvanecieron rápidamente.
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A esto contribuyó no solo la carencia de la flamante funcionaria, de antecedentes que pudieran hacer presumir éxito en su gestión, sino también el hecho de haber quedado patente, la absoluta orfandad política que padece.

Se puso de manifiesto que Cristina, solo toleró su acceso a esas funciones, ya que en ningún momento expresó su apoyo y ni siguiera asistió al breve  acto de asunción, evidenciando claramente, que no se responsabiliza  por el resultado de su gestión.

Así, a escasas horas de haber prestado juramento, el dólar voló a casi trescientos pesos y el riesgo país rosó los dos mil ochocientos puntos, en tanto la inflación continúa su carrera ascendente.

El gobierno argumenta que todos los países padecen en estos momentos una suba inflacionaria, lo cual de ningún modo puede justificar un índice como el que padecemos, producto exclusivo del desmanejo de nuestra economía por parte del equipo gobernante.

Pues mientras en nuestro país registramos una inflación mensual que este año  superará seguramente el noventa por ciento, Chile tiene solo el doce y medio anual, Brasil el once y medio y Méjico el ocho.

En el resto del mundo Italia, España, Gran Bretaña y Estados Unidos, no superan el nueve por ciento anual.

La inflación constituye un  verdadero impuesto que grava con mayor intensidad a los sectores más carenciados de la sociedad, porque pesa especialmente sobre los alimentos y demás artículos de primera necesidad.

Lo preocupante, es que esta situación tenderá a empeorar el resto del año, porque el gobierno carece de un plan económico serio, no despierta confianza alguna y la nueva ministra, no tiene apoyo político suficiente para llevar a cabo las medidas necesarias para corregir esta situación.

Las desesperadas decisiones que se adoptan, carecen de racionalidad y lejos de contribuir a solucionar el problema, habrán de agravarlo, tal como ocurre con la restricción impuesta a las importaciones, que dificultará enormemente el desarrollo de nuestras industrias y de las actividades agropecuarias, provocando la privación de puestos de trabajo y el ingreso de los dólares necesarios para adquirir los insumos importados, lo que provocará la paralización parcial de por ejemplo, la fabricación de automotores, la adquisición de fertilizantes o la provisión de medicamentos.

Sobre este preocupante cuadro,  pesa la situación internacional que hace que los inversores, a raíz de nuestra crisis económica pero por sobre todo, de la inexistencia de un gobierno que brinde mínimas garantías de seriedad, huyan de nuestro país, mientras los combustibles aumentan enormemente su precio, como consecuencia del conflicto armado desatado por el déspota ruso.

A todo esto, en el plano político, ha comenzado dentro del kirchnerismo, una especie de operativo clamor, para persuadir a Cristina que, ante el total fracaso de Alberto Fernández, asuma la candidatura presidencial el año próximo.

Ella, no va a desalentar  por ahora esa posibilidad, pero en verdad, se trata solo de una  simulación, destinada a no perder poder sobre su sector.

Todas las encuestas, aun las de las consultoras oficialistas, acuerdan a Cristina una imagen negativa de más del sesenta por ciento, sumado esto, al rotundo fracaso tanto político como económico con el que indudablemente terminará este gobierno, que innegablemente, fue un desafortunado invento suyo, lo que hace casi imposible suponer que pueda tener éxito electoral.

Por esto, lo más probable es que esa  candidatura presidencial recaiga en  Wado de Pedro, actual Ministro del Interior y una de las figuras más destacadas de La Cámpora, mientras que ella, optará  seguramente por la más segura candidatura a senadora nacional por la Provincia de Buenos Aires.

Es que la más grande preocupación que la aflige, no es otra que su situación procesal, ya que es inminente el comienzo del juicio en su contra, por el caso denominado Vialidad, en el que se ventila la arbitraria y cuantiosa adjudicación de obras públicas a favor Lázaro Báez, el ex empleado del Banco Santa Cruz, devenido de la mañana a la noche en uno de los  más prósperos empresarios del país.

El alegato que formulará la fiscalía, estará respaldado por numerosa e irrefutable prueba, lo que puede anticipar una severa condena, de cuyo cumplimiento, solo pueden salvarla, al menos  temporalmente, los fueros parlamentarios.

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