Jeremías, la profesora y Ciudad Evita

Opinion 06 de septiembre de 2021 Por Miguel Antonio Medina
Un buen alumno
docentesadoctrina

         El origen de esta nota está en unas imágenes y en el sonido de parte de una clase de Historia. El autor de ambas es anónimo, pero lo que hizo se viralizó. 

         Hasta que todo se salió  de control, parecía una clase más en un aula de la Escuela Secundaria Técnica n° 2, María Eva Duarte, en Ciudad Evita, Provincia de Buenos Aires. La profesora se llama Laura Radetich, tiene 56 años y el nombre del  alumno es Jeremías. 

         En un momento, el alumno hace una pregunta. La profesora le contesta, elevando el tono de la voz. El alumno le hace otras preguntas y la profesora le contesta, aumenta más el tono de la voz y el movimiento de sus brazos y piernas, porque no se queda quieta en un lugar, sino que se desplaza  hacia los costados y adelante. 

         La amplia difusión que tuvieron las preguntas, las respuestas y las formas de unas y otras, incluyeron los contenidos. Predominó el detalle de las respuestas más que el de las preguntas, que en algunos audios cuesta entender acabadamente. En todo caso, me eximen de transcribirlos otra vez. 

         Lo que sí se justifica en esta breve intervención es responder a tres preguntas: 1) ¿ cuál es el tema de fondo que está detrás de lo que pasó?; 2) ¿fue un debate entre la profesora y el alumno?; 3) ¿ se puede decir que hubo adoctrinamiento?

         Mientras trato de componer esta nota, tengo a la vista uno de los mejores libros que leí a lo largo de mi vida: “Lecciones de los Maestros”, de George Steiner, según la traducción de María Condor. Se editó en Bogotá, en el año 2.007.

         Cito a este gran educador para contestar la primera pregunta: el tema de fondo es la relación entre Maestros y Discípulos. La necesidad de transmitir conocimientos y habilidades, el deseo de adquirirlos, son unas constantes de la condición humana. El Magisterio y el aprendizaje, la instrucción y su adquisición tienen que continuar mientras existan las sociedades -página 169-.

         Contesto la segunda pregunta diciendo que no hubo debate, sencillamente porque no fue un intercambio de ideas entre pares, sino una vehemente exposición del pensamiento de quien tenía, al menos formalmente, la autoridad en el aula y en la clase. 

         Otra vez cito a Steiner: “El Maestro tiene poder psicológico, social, físico. Puede premiar y castigar, excluir y ascender. Su autoridad es institucional, carismática y ambas a la vez. Se ayuda de la promesa o de la amenaza -nota, en este caso, la profesora dice: ya se llevó Historia-. El conocimiento y la praxis mismos, definidos y transmitidos por un sistema pedagógico, por unos instrumentos de educación, son formas de poder” -páginas 13 y 14-.

         La tercera pregunta no tiene por ahora una respuesta objetiva. Yo contestaría que todavía no lo sé. Lo que pasó en esa clase está siendo investigado por las autoridades educativas de la Provincia de Buenos Aires. Por ahora, la docente ha sido separada de sus clases frente a alumnos. 

         Sería un error anticiparse a los resultados del sumario y afirmar que lo que hizo la profesora fue adoctrinamiento, esto entendido como una bajada de línea política y vertical de quien dio la clase hacia sus alumnos. Una clase no alcanza para semejante objetivo. Probablemente tampoco una materia sea suficiente. 

         No es bueno adoctrinar. Es bueno transmitir lo mucho o poco que se sabe. Es bueno que el Maestro aprenda de los alumnos y también a la inversa, asumiendo que los buenos alumnos intentarán siempre liberarse del Maestro para seguir creciendo y buscando el propio camino. 

         En síntesis, este incidente no fue agradable. Si algo perdura en mí, es el valor de este joven, no sólo por atreverse a preguntar, sino a seguir haciéndolo, frente a la autoridad y al lado de sus pares.  

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