Las mil y una grietas de argentina

Opinion 04 de mayo de 2021 Por Santos Jacinto Dávalos
Desde el albor de nuestra Patria hemos tenido grietas. Los que querían ser independientes y los que querían seguir subordinados al rey español. Triunfan los independentistas en el Congreso de Tucumán en 1816. Y allí aparece otra grieta.
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Los que querían una república y los monárquicos. Y éstos divididos entre los que buscaban un rey inca y los que ansiaban una corona europea, distinta a la española.

Luego la gran grieta entre unitarios y federales, que culmina de forma cruenta con la derrota de Rosas a manos de Urquiza, lo que abre la puerta para la Constituyente de 1853, que proclama la República. Pero la historia no concluye allí. Persistía la gran grieta, que todavía dura, entre el puerto y el interior del país (los catorce ranchos como nos decían despectivamente). Buenos Aires se incorpora recién en 1860 con una modificación constitucional impuesta como condición para la unificación.  

Luego devienen las grietas de la generación del ochenta. Mitristas vs. Anti; Roquistas vs. Anti. Se resuelven armónicamente.

Pero todavía existía una gran grieta. Democracia vs. Fraude electoral. Se votaba de viva voz, el voto no era secreto y era posible controlar a todos los trabajadores en relación de dependencia, pues no tenían ninguna protección contra el despido. Ya existían los barrabravas que te impedían votar o te obligaban a hacerlo contra tu voluntad.

Esto se supera con el voto secreto, universal y obligatorio de la ley Sáenz Peña, con protagonismo salteño, que inaugura la verdadera democracia en Argentina. Pero la mujer todavía no votaba..

Aparecen en escena los radicales, que a su vez se dividen en irigoyenistas y alvearistas, todo resuelto pacíficamente.

El golpe de 1930 nos hace retroceder democráticamente. Se instala el fraude patriótico, fundado en que el pobrerío no sabe votar. La década infame termina con el golpe de 1943, y luego con las elecciones limpias de 1946, que instala a Perón como presidente. Se cierra la grieta de la exclusión de la mujer permitiendo el voto femenino y sus candidaturas. En 1952 docenas de senadoras y diputadas nacionales aparecen en la escena política nacional.

Y allí comienza otra grieta. Peronistas vs. Antiperonistas. El sanguinario golpe de 1955 no termina con esta antinomia, sino que la exacerba. 

Los radicales vuelven al poder con Frondizi, ya escindido con su Unión Civica Radical Intransigente. La división de los radicales fue dura pero pacífica.

Perón vuelve definitivamente a su Patria en 1973, con una rama de olivo en sus manos. El famoso apotegma de que para un peronista no hay nada mejor que otro peronista, se sustituye por para un argentino no hay nada mejor que otro argentino. Perón convoca a todas las fuerzas políticas, pero el gran interlocutor fue Ricardo Balbín, jefe indiscutido del radicalismo. El que frente al féretro de Perón, despide a un amigo. Desparece la antinomia peronismo vs. antiperonismo.

Muere Perón en 1974, con un accionar guerrillero persistente, anterior a su gobierno y posterior al mismo.

En 1976 otro golpe militar causa la gran desdicha de los argentinos:  la desaparición de miles sin juicio previo, sin el debido proceso. Torturas. Niños secuestrados y ocultados. Todavía no se encontraron a todos. Los cerebros más lúcidos de Argentina emigran. A mi entender, esta brecha termina para la mayoría de los argentinos con el NUNCA MÁS y las condenas consecuentes. Pero una minoría, a pesar de la sanción a los culpables y el cobro de jugosas indemnizaciones, sigue intentando agrandar esa grieta.

ALFONSÍN, un político con mayúscula, vuelve a instalar la democracia con un proceder limpio, sin máculas.

Lo suceden presuntos peronistas, como Menem, en las antípodas del peronismo. Lo sucede un desvaído de la Rua, y luego aparecen los K, también   peronistas.

En el intermedio se venden las empresas estatales con Menem, con el apoyo del matrimonio Kirchner, y luego éstos las vuelven a estatizar. El comportamiento de los gobiernos argentinos no es entendible para las democracias bien constituídas. 

Hoy la grieta es Kirchneristas vs. Anti. Un 25% de los argentinos, que es el núcleo duro de Cristina, afirma que no hubo corrupción y que todo es invento del macrismo. El resto si lo cree, pero no encuentra un canal dónde expresarse ante el fracaso de la gestión cambiemita.

 Nuestros políticos mantienen y agrandan la grieta, pues es el modo más fácil de hacer política. Incentivar el odio en lugar del consenso. Buscar que el instinto supere a la razón y que el agradecimiento por el clientelismo motive la votación al gobierno de turno.

Pero hay otra grieta más grave: la obtención de mejoras o prebendas con el uso de la fuerza. Hasta ahora sin sangre. Los Moyano bloqueando negocios con la anuencia gubernamental. Los piquetes de las organizaciones sociales exigiendo mayores beneficios, cortes de calles mediante. Los mapuches, protegidos desde el gobierno, que se apropian de campos cultivados, queman viviendas, y hasta una iglesia. Esto se replica en Salta con etnias inventadas, sin cultura, sin historia y sin lengua propia. Que se adueñan no de cerros pelados sino de estructuras productivas en manos privadas por cientos de años. Se corta el acceso a Vaca Muerta y en Tucumán se impide la exportación de limones. El presidente dejó de mandar. Se maneja con los impulsos descriptos, que los acepta mansamente.

Pero la Gran Grieta de los argentinos, la verdadera Gran Grieta, está escondida por los sucesivos gobiernos. Es la grieta educativa que condena a la mitad de los argentinos a una pobreza estructural. A un clientelismo fogoneado por el mismo Estado. Una educación de mala calidad, con muchos de sus maestros que faltan, incapacitan a nuestros niños y jóvenes para acceder a trabajos acordes con los progresos tecnológicos actuales.

En Salta existen instituciones estatales gratuitas, con la fortuna de que algunas cuentan con una conducción comprometida con su función, pero la mayoría es un fracaso.

También instituciones educativas pagas de excelencia y otras que solo buscan la ganancia. Pero en las pagas los maestros faltan menos y en general tienen mejor nivel. La prueba más elocuente es que los últimos tres gobernadores se educaron en el Bachillerato Humanista Moderno.

También tenemos una grieta poco conocida, la deuda con la mujer salteña. A pesar de las proclamas constitucionales y legales que establecen la igualdad, eso no ocurre. 22 senadores y una sola senadora y menos de la tercera parte de diputados así lo prueban. El mundo esta plagado de mujeres talentosas gobernando, pero en Salta, hay un techo de cristal que permite mirar pero no les permite ascender.

Hay otra grieta también desconocida. La del eje rico y más poblado de Argentina, que corre desde Capital Federal, Provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y Mendoza.  Al sur pocos pobladores, subsidiados para que sigan viviendo. Y nosotros, el Norte Grande, que concentra los peores índices socio económicos del país, los miremos como los miremos

Si creemos que los políticos van a renunciar a sus prebendas y privilegios, que van a planificar y preocuparse por nosotros y nuestra descendencia,  estamos equivocados. Somos nosotros los que debemos provocar el Gran Cambio. Pero para ello debemos dejar de ser habitantes para transformarnos en ciudadanos. Debemos dejar de ser simple electores cada dos años, para convertirnos en protagonistas y exigir la democracia participativa, también proclamada, pero incumplida. Solo así tendremos gobernantes estadistas y no simples busca votos. La grieta también está dentro nuestro. El no te metas contra la política como servicio a la comunidad.

Unidos y organizados, una Argentina y una Salta más justa, es posible

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