Derechos y obligaciones de los representados

Opinion 28 de abril de 2021 Por Guillermo Martinelli
El tema de la representación da para mucho. Casi en todos los estadios: personales, familiares, sociales, institucionales, políticos y organizativos en general está presente la representación.
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Ésta se expresa de muchas maneras,,  pero en términos generales el representante actúa en defensa de los intereses de su o sus representados. Su actuación es como si fuera la del representado, por lo que tiene la obligación de actuar en beneficio del representado y siempre de buena fé.
Situándonos  en lo político y dentro de la comunidad que significa un país tenemos en términos lineales, lo que a los distintos grados de gobiernos concierne, las representaciones sucesivas de los intendentes con respecto a los vecinos de una ciudad; la de los gobernadores con una mirada más amplia que involucra a todos los habitantes de una provincia, por lo que su mirada y actuación se da dentro de un contexto de relaciones diversas  entre distintas comunidades y regiones procurando en la gestión de sus políticas el logro de una armonía que pretende se traduzca en acciones coordinadas dentro de la provincia, con la mirada puesta dentro de los límites territoriales pero sin perder de vista lo regional y federal.
Arriba de ellos el Presidente de la Nación, que tiene la representación de todos los argentinos sin exclusión alguna. Esta representación nace de la Constitución Nacional y del reconocimiento internacional. Es la mayor, más compleja y difícil de todas las representaciones políticas institucionales de la  comunidad organizada.
El presidente representa tanto a los que votaron por él para el cargo como a los que votaron a otro candidato en la elección en la que fue ungido. Sin embargo hay quienes siendo ciudadanos, no admiten la representación, más aún se esmeran en muchos casos en enlodar la representación, 
Ser elector derrotado en los comicios por no haber ganado su candidato, tiene un sabor amargo en lo subjetivo y en lo político, Sin embargo, la calidad de ciudadano debe estar por encima de ello y diferenciar tajantemente  entre  lo que él hubiera pensado que su candidato, que perdió, hubiera hecho y lo que el SISTEMA legal ha consagrado. El ciudadano tiene la obligación de comportarse  como tal, aceptar el triunfo de la mayoría y las políticas dispuestas por el triunfador, Ese es, en consecuencia, el derecho del representante y la obligación del representado. Delo contrario, qué sentido tendría elegir conductores representativos dentro de la comunidad organizada?. La obediencia es una derivación del orden jurídico político,  La  calidad de opositor político no queda empañada para nada, ya que  tanto su doctrina como la militancia estarán siempre presentes, pero estas no deben ser tomadas como beligerancia. En tal sentido, de comportarnos como beligerantes, no seriamos ciudadanos  democráticos.
Si nuestros representantes no cumplen en nuestro beneficio el sistema constitucional democrático republicano tiene correctivos tan valiosos como los juicios políticos y por cierto los próximos comicios. Ser ciudadano representado nos da derechos pero también nos genera obligaciones.

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