Expectativas

Opinion 26 de febrero de 2021
El que viene no será un lunes común. Marcará el inicio del tercer mes del año, dejando atrás la distensión de las vacaciones, que se reflejará en el inicio de un nuevo ciclo lectivo. También se dará apertura al período ordinario de sesiones del Concejo Deliberante de la Capital, cuya primera parte estará atravesada por la renovación de su integración, que se decidirá el 4 de julio. La segunda mitad estará condicionada por una extensa transición que seguramente configurará el desarrollo de su actividad.
marzo

Hubo un gesto político importante en esta última semana de febrero, cuando representantes de ambos poderes del gobierno municipal llevaron adelante una reunión con el propósito de definir una agenda común. Debiera ser un hecho cotidiano de preparación de un trabajo institucional en pos del bienestar de los vecinos de la principal ciudad de la Provincia pero constituyó un hecho extraordinario atento a la interrupción del vínculo entre el Concejo y el Ejecutivo Municipal que se observó sin disimulo en 2020. 

Los magros resultados obtenidos con ese modelo de gestión, particularmente por parte de la Intendencia, llevaron a un encuentro en el que se anticipó en qué se trabajará  en este año, para encarar de manera conjunta algunas acciones. Luego de esa reunión no se esperan mayores sorpresas pero sí precisiones de las políticas a desarrollar en distintos ámbitos, que serán expuestas en la apertura de las Sesiones Ordinarias del Concejo Deliberante, que  se realizará el 1º de marzo a las 9 en el Recinto Deliberativo del cuerpo legislativo.

El ordenamiento institucional indica que se trata del momento de los anuncios pero también de rendición de cuentas del estado del municipio por parte de la jefa comunal. A un año de haber lanzado “la hora de los barrios« -como la propia Bettina Romero definió la tarea a encarar- también deberá explicar por qué no se aunaron esfuerzos, como convocó en su primer mensaje de gestión.

«Salta necesita soluciones de fondo, no discusiones estériles entre políticos» había dicho, instando a «dejar atrás ese pensamiento mezquino y básico», sobre el que todavía la población no había tomado nota por la esperanza que todo nuevo gobierno despierta. Lo que ocurrió fue un año difícil, durante el que la emergencia sanitaria alteró muchos planes, obligó a revisar propósitos, reemplazar objetivos y optimizar la utilización de recursos que resultaron más escasos, porque la pandemia del coronavirus provocó la virtual paralización de una ciudad que se sostiene especialmente por el comercio y los servicios.

“Lo que hoy falta es desarrollo”, había dicho Romero al momento de invitar a la construcción de ”un puente de inclusión social, calidad de vida, progreso económico y un futuro de grandeza y armonía social”. Al igual que la Salta “más justa con oportunidades para todos”, otras cuestiones quedaron pendientes.

La emergencia sanitaria y la crisis económica son razones que pueden explicar que no se haya resuelto ninguno de los problemas que tiene la capital provincial. Pero también hay otras que deberán exponerse para que se sepa porqué sobreviven deficiencias que afectan la convivencia y ponen en riesgo que Salta siga siendo La Linda.

Hay que renovar las expectativas para seguir hacia adelante, pese a todo. 

Salta, 26 de febrero de 2021

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