Democracia

Opinion 30 de octubre de 2020
Poco vuelo tiene hoy la celebración del Día de la Recuperación de la Democracia. El punto más alto se notó el martes, cuando en la sesión de la Cámara de Diputados de la Nación, el veterano legislador Mario Negri no pudo contener las lágrimas ni con el aplauso de pie con el que lo rodearon sus pares.
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Quizás 37 años son mucho tiempo para seguir recordando; quizás la democracia no cumplió aún con algunas aspiraciones.

La fecha recuerda aquel 30 de octubre de 1983, en el que más de 15 millones 350 mil ciudadanos  sufragaron tras siete negros años de una dictadura militar que celebraba tener guardadas las urnas; secuestradas, en realidad, como a los miles de argentinos de los que nunca más se supo nada. Casi el 86% de participación fue un nivel que no se alcanzó luego en los sucesivos comicios que cada dos años se repiten, para satisfacción de quienes han conocido las consecuencias de la suspensión del estado de derecho.

Esa jornada se vincula con la figura de Raúl Ricardo Alfonsín, a quien el pueblo le dio la tarea de reconstruir el tejido institucional severamente dañado por la acción del último gobierno de facto, que sumó hasta una guerra a sus tropelías. Por entonces, la fórmula presidencial se elegía  a través de un Colegio Electoral y la de la Unión Cívica Radical reunió casi el 53% de los sufragios para su integración.

Pero también en Salta, ese 30 de octubre se vivió una jornada cívica inolvidable. Apenas despuntado el día comenzó la movilización para asegurar que todas las bocas de recepción de votos funcionaran sin problemas. La Provincia sumaba a los 7 años del Proceso de Reorganización Nacional, los dos años de intervención federal previos dispuestos por el gobierno de María Estela Martínez de Perón, sobre los poderes Ejecutivo y Legislativo.

En esa oportunidad se eligieron el Gobernador para el período 1983-1987, 132 miembros de la Cámara de Diputados y 23 miembros del Senado Provincial. Los ciudadanos convocados estuvieron a la altura  de las circunstancias; de los 389 mil inscriptos en el padrón electoral, el           80% emitió su voto, una participación importante pero unos puntos por debajo de la elección nacional.

Como era previsible en una Provincia -que en las diez oportunidades que tuvo en este tiempo de recuperación democrática, en nueve votó peronismo- triunfó el PJ y le dio la gobernación a Roberto Romero, que se alzó con el 50.67% de los votos contra el 27% de Bernardo Solá, de la Unión Cívica Radical. Un dato significativo, que anticipó lo que hoy es la tendencia de votar personas más que partidos, fue el tercer lugar que se aseguró un partido que se creó para participar en los primeros comicios tras la dictadura y cuya dirigencia e ideario nacieron en ese proceso. El Partido Renovador no logró que vuelva a manejar el destino de Salta el  exgobernador de facto Roberto Ulloa, pero obtuvo suficiente cantidad de votos como alcanzar representación parlamentaria. Y sobrevivió hasta volver al Ejecutivo en el único período en que el peronismo tuvo que ceder el gobierno.

Hace 37 años se confiaba en que con la democracia se recuperaría la moral, la economía, la educación y la cultura.  El propio Raúl Alfonsín lo dijo cuando se confirmó su triunfo: “Tenemos una meta: la vida, la justicia y la libertad para todos los que habitan este suelo. Tenemos un método: la democracia para la Argentina. Tenemos un combate: vencer a quienes desde adentro o desde afuera quieren impedir esa democracia. Tenemos una tarea: gobernar para todos los argentinos sacando al país de la crisis que nos agobia, con el esfuerzo de todos, en unión y libertad”. 

Hay que pensar que es una tarea pendiente y nunca, que no es la democracia el método. 

Salta, 30 de octubre de 2020

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