Piquetero

Opinion 05 de agosto de 2020
Enfermo y alejado de las luchas cotidianas murió el dirigente piquetero Carlos «Tyson» Fernández. Tenía 47 años pero durante dos décadas lideró la resistencia a un modelo económico que margina a buena parte de la población, especialmente en el norte del país.
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Era referente del Movimiento de Desocupados de Tartagal, una de las tantas agrupaciones en las que fue derivando el otrora prometedor movimiento piquetero, que contuvo a decenas de miles de desocupados, que desde la década del 90 no encontraron una senda virtuosa para sus afanes. El inicio de su vida productiva lo encontró inserto en un panorama laboral devastado por la política impuesta por el peronista Carlos Saúl Menem. Su actividad política, centrada en mantener organizada una masa que mayoritariamente hasta hoy sobrevive a la pobreza, lo llevó a intentar encarar su tarea desde la gobernación de la provincia, que trató de alcanzar en 2011 con el Movimiento Independiente de Jubilados, que lideraba Raúl Castells. Fue el candidato que menos votos obtuvo: apenas algo más de mil sufragios.

La dinámica de la política argentina es tan intensa que ese tramo de la historia en que surgieron líderes con el perfil de Fernández solo muestra su cercanía en los problemas irresueltos. Al cabo de casi treinta años se han profundizado ya que no surgió una alternativa ni tuvo una enmienda la parálisis que generó en el área hidrocarburífera de Salta la privatización de YPF.

La reacción social fue objeto de estudio en el mundo porque se correspondió con un proceso de transformación en las relaciones de producción y consumo, que se trata de describir con el término de neoliberalismo y que tuvo fuerte implicancia en América Latina. Fueron tiempos de fuerte conflictividad social generada por un orden social productor de marginalidad, pobreza y desigualdad.

Fueron tiempos en que la estructura tradicional del sindicalismo argentino no sirvió, pese a su fortaleza, para acompañar la lucha de los trabajadores que vieron caer sus fuentes laborales. La tarea quedó en manos de nuevas formas de organización que condujeron la movilización de los desocupados. Los piquetes fueron las formas de lucha, que actualmente abandonaron su escenario original en las provincias y se instalaron en el área metropolitana.

Para el caso de la acción de Carlos “Tyson” Fernández, el impulso inicial para apurar la aplicación de políticas que reconstruyan el aparato productivo, derivó en una estrategia extorsiva. El reclamo en las rutas vertebrales del norte se trasladó a los centros urbanos donde se reemplazó la protesta por la integración de cooperativas de trabajo.

Esas entidades aún hoy funcionan como estructuras para organizar la distribución de recursos que llegan bajo formas de asistencialismo. Dentro de ellas hay relaciones de dependencia con la dirigencia y hacia afuera, hay prácticas de apriete a empresas que, generalmente, solamente llegan para realizar obra pública.

Luego de haber sido partícipe activo de cortes de rutas y asedio a las empresas, en los últimos tiempos el desaparecido líder piquetero había optado por el camino de la convivencia pacífica y la negociación para obtener beneficios. Fue testigo de las desviaciones en que el movimiento de desocupados incurrió por acción de sus referentes y se fue sin haber logrado encontrar salidas para quienes creyeron en sus propuestas de lucha. Y vienen tiempos más duros. 

Salta, 05 de agosto de 2020

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