Confianza

Opinion 24 de octubre de 2019
Hay una crisis de confianza, no solo dentro de grupos básicos sino en la sociedad en general. Y la crisis no es provincial; ni siquiera nacional o regional. Es mundial.
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Así lo ha considerado el gobernador Juan Manuel Urtubey, en vísperas del cierre de una campaña electoral que lo tiene como protagonista con su papel como candidato a vicepresidente de la  Nación en la fórmula de Consenso Federal, que encabeza el economista Roberto Lavagna. Durante esta semana se dedicó a participar de distintos espacios periodísticos para exponer sus intenciones respecto de una propuesta que nació y avanzó como una alternativa a líneas confrontativas de pensamiento, que se alternan en el poder.

El mandatario no desconoce –como lo dijo anoche en el programa Día de Miércoles- que el mundo empezó a mutar las formas de participación ciudadana, que la tecnología facilitó la integración de colectivos que representan intereses sectoriales y que hay una crisis del sistema de partidos en el mundo. Pero dentro de la Argentina, hay coincidencia entre dirigentes políticos y sociales que el país atraviesa hace años crisis recurrentes de falta de confianza. 

La reflexión viene a cuento frente a momentos cruciales que preceden a una decisión electoral que puede emerger de una percepción maniquea de la realidad nacional. Ante el compromiso del domingo, que convoca en la Provincia a más de un millón de ciudadanos, la polarización sigue dominando el pronunciamiento. No hay paridad entre las opciones porque solo dos se llevarán seguramente la mayor cantidad de adhesiones; sus variaciones no son consecuencias de un cambio de opinión que permite una apertura hacia otras ofertas. Sólo es  una nueva relación de fuerzas entre dos sectores que, incluso, tienen componentes comunes. 

Los observadores aseguran que nuevamente, con características propias pero al igual que en 1989 y en el 2001, la Argentina hoy se enfrenta a la desconfianza y crisis económica, producto de la mala praxis política. Que esto les pase a otros países de la región, como ocurre en Chile, es una generalización creciente que no invalida  el juicio crítico sobre una sociedad que no está discutiendo una confrontación de orden ideológico como se expuso durante la campaña electoral. No se trata de progresismo versus neoliberalismo; los términos en los que se resuelve son de otra naturaleza.

Definitivamente se está ante una crisis de confianza en las instituciones del Estado. Hay un sentimiento de desconfianza en el Gobierno y en el sistema en el que se sustenta. Por ejemplo,  la banca es un eslabón muy delgado de la cadena que mantiene cohesionado el funcionamiento de la vida cotidiana. Por ello es que ante instancias condicionantes, como son las que se vinculan al armado de un nuevo gobierno, se resienten relaciones que fuera de ese contexto mantienen operativo el sistema económico. No sólo las empresas sino hasta las familias abandonan prácticas comunes y buscan refugios que provocan alteraciones inimaginables en economías saludables pero tornan más vulnerables a las que no lo son. Prueba de ello es el esfuerzo con alto costo en reservas que se está realizando para mantener  en caja al dólar, la moneda de referencia frente a la propia, en decadencia.

También la desconfianza en la imparcialidad del Poder Judicial suma a la afectación de la imagen y la reputación de todas estas instituciones. Y es lo que aflora en estas circunstancias.

En este jueves en que todos los sectores políticos dicen su última palabra surge la necesidad de reestablecer lazos de confianza entre todos, especialmente entre los partidos o alianzas y sus votantes y entre los gobiernos y los ciudadanos.

Salta, 24 de octubre de 2019

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