
El color de la Argentina

Durante este Mundial volvieron a aparecer en redes sociales y en algunos debates internacionales comentarios que sostenían que la Selección argentina es “demasiado blanca” y que eso demostraría, por sí solo, el racismo estructural del país. Según esa mirada, la ausencia de jugadores de ascendencia africana visible en el plantel alcanzaría para diagnosticar a toda una sociedad. Como si la composición de un equipo de fútbol pudiera funcionar al mismo tiempo como censo étnico y como tribunal moral.
Es una forma bastante particular de mirar el mundo. Se toma un dato parcial, se lo saca de contexto y se lo convierte en una explicación total. No importan la historia, las migraciones, el mestizaje ni las diferencias regionales. Solo importa el color de la piel visible en una foto.
La Argentina, sin embargo, tiene una historia mucho más compleja. El Preámbulo de nuestra Constitución habla de asegurar los beneficios de la libertad “para todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. Esa definición se expresó en un país marcado por una fuerte inmigración multi étnica en los siglos XIX y XX, por procesos profundos de mestizaje y por una presencia indígena viva y diversa, especialmente en nuestro Norte.
Quienes observan a la Argentina únicamente a través del color de la piel de once jugadores suelen ignorar, por ejemplo, que provincias como Salta tienen una de las mayores diversidades étnicas y lingüísticas del país. Aquí conviven pueblos kollas, wichís, guaraníes, chanés, tapietes, diaguitas y muchos otros. Se hablan lenguas originarias, se enseñan en las escuelas y forman parte de identidades que no pueden reducirse a una simple categoría de “blanco” o “no blanco”.
Reconocer esa diversidad no significa negar que el racismo exista. Existe, como existe en prácticamente todas las sociedades. Lo problemático es pretender explicar un país entero únicamente a partir de la composición visible de un plantel de fútbol.
Más allá de esa discusión, la manera seria de abordar la diversidad es a través de políticas concretas de reconocimiento e igualdad de oportunidades. En Salta, la Educación Intercultural Bilingüe trabaja junto a las comunidades indígenas en la construcción de lineamientos curriculares, en el fortalecimiento de las lenguas originarias, en la formación docente con perspectiva intercultural y en proyectos que articulan escuela, territorio y saberes ancestrales. El objetivo no es convertir la diversidad en un eslogan, sino garantizar que cada estudiante pueda aprender sin tener que renunciar a su identidad cultural.
La integración de una sociedad no se mide por la composición de un equipo deportivo. Se expresa, sobre todo, en la capacidad de un Estado de garantizar que un chico de la Puna, del Chaco o de un barrio periurbano tenga oportunidades reales de aprender, de proyectarse y de ser reconocido en lo que es.
Eso es lo que intentamos construir todos los días desde la educación en Salta: una escuela que no pregunte de qué color es un chico para decidir cuánto vale su futuro, sino que le dé las herramientas para desarrollarlo plenamente.





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