
“Lo peor ya pasó”: Cuando Milei se pareció demasiado a De la Rúa y Macri

La visita del ministro del Interior a distintas provincias, con la promesa de algunos ATN insignificantes que, sin embargo, en medio de la pobreza parecen un salvavidas, dejó en claro que el Gobierno busca ganar tiempo y sostener relaciones con los gobernadores. En Salta, la foto de rigor con el mandatario provincial fue parte de esa recorrida.
Pero lo central estuvo en el discurso de anoche del presidente Javier Milei. Una frase que resonó con ecos del pasado: “Lo peor ya pasó”. La hemos escuchado antes: de Fernando de la Rúa en 2000 y de Mauricio Macri en 2018. En ambos casos, ya sabemos cómo terminó la historia. Patricia Bullrich, rápida de reflejos, salió a despegarse y aseguró que, para ella, lo peor aún no pasó.
El mensaje presidencial, leído de principio a fin, sin improvisaciones, sonó extraño en Milei. No era el líder exaltado, agresivo y confrontativo al que el país se había acostumbrado. Parecía otro. Algunos dirán que fue la calma de la inteligencia artificial, otros que lo medicaron. Lo cierto es que la puesta en escena no convenció.
El contenido tampoco aportó certezas. Un discurso cargado de tecnicismos, dirigido más a economistas que a la ciudadanía común, con un déficit fiscal mencionado cuarenta veces y promesas de aumentos presupuestarios recién para 2026, en caso de que las proyecciones inflacionarias se cumplan. Entre tanto, ya vetó el aumento a jubilados y desfinanció a las universidades.
El tono general fue de ultimátum: un mensaje que rozó la extorsión al Congreso, preparando el terreno para el caos. Y lo más llamativo: Milei habló prácticamente solo. Los funcionarios que suelen escoltarlo brillaron por su ausencia, como si ya olfatearan que el barco empieza a hacer agua.
La reacción social no tardó: cacerolazos en la Ciudad de Buenos Aires al terminar la cadena nacional y un rating escaso para un discurso que se transmitió en todos los canales y radios obligatoriamente. El pueblo, parece, eligió no escucharlo.
Al día siguiente, mientras se analizaba su mensaje, el Presidente se fue de viaje. Rumbo a Paraguay, aunque tampoco allí las cosas parecen encaminarse bien. Su estilo cambió ya en España, cuando participó de una actividad de VOX, con un discurso igualmente frío y monocorde. Incluso defendió a figuras polémicas como Charlie Kirk, el agitador norteamericano señalado por expresiones racistas.
Estamos, sin dudas, ante un presidente desconcertante. Uno que dice que lo peor ya pasó, pero cuya gestión y estilo generan más incertidumbres que certezas. Con apenas dos años de mandato por delante, la pregunta que queda flotando es si lo que viene será la calma… o la tormenta.







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