
Mariano Moreno: El primer crimen político de la historia argentina
Ivana Chañi
La Revolución de Mayo fue mucho más que un acto aislado del calendario escolar: fue una revolución genésica, según la historiadora Laura Colivadiño Navarro, es decir, una transformación fundacional que dio origen al largo proceso que culminaría en la independencia argentina.
Durante su columna en Aries, Colivadiño Navarro destacó que este proceso no fue espontáneo, sino el resultado de cambios ideológicos, políticos y económicos que se venían gestando desde fines del siglo XVIII, influenciados por las grandes revoluciones de la época: la francesa, la industrial y la independencia estadounidense.
En este contexto, Mariano Moreno emerge como una figura central. Abogado formado en Chuquisaca, profundamente influenciado por el pensamiento ilustrado de Rousseau, Montesquieu y Voltaire, Moreno se convirtió en uno de los principales impulsores del proyecto revolucionario de 1810. “Era un intelectual que bajaba su pensamiento a la práctica política”, señaló la historiadora.
Desde su rol como secretario de la Primera Junta, redactó el Plan de Operaciones, un documento clave que proponía medidas económicas, educativas y diplomáticas para consolidar el nuevo orden. Entre ellas, planteaba la expropiación de bienes a ciertos españoles para financiar la causa independentista.
Sin embargo, su radicalismo chocó con los sectores más conservadores de la Junta. El enfrentamiento con Cornelio Saavedra, presidente del órgano, se intensificó tras la incorporación de diputados del interior, un hecho que Moreno consideró una maniobra para debilitarlo políticamente.
La historiadora explicó que fue en ese clima de tensión que Moreno fue enviado a una misión diplomática a Gran Bretaña, en condiciones precarias, sin asistencia médica. Murió en altamar el 4 de marzo de 1811, envuelto en una bandera inglesa y arrojado al mar.
“Fue una muerte política. Lo mandaron a morir. El primer crimen político de la historia argentina se produce en el contexto mismo de la revolución”, reflexionó.
Colivadiño Navarro cerró su análisis al recordar que, como Belgrano, Moreno fue un intelectual comprometido con la acción, que pensó un país posible desde la educación, la justicia y la igualdad, y murió por sostener esos ideales.




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