Argentina 1985
El largometraje trata la acusación que los fiscales hicieran en el juicio a las Juntas de Comandantes que usurparon a sangre y fuego no sólo el gobierno sino también la soberanía nacional, al disponer de la vida y muerte de los argentinos, durante los años 1976 a 1983.
No entraré en las consideraciones cinematográficas de la cinta. En esta radio Víctor Languasco es un súper calificado para ello y mi atrevimiento seria irreverente ante semejante autoridad en la materia. Por el contrario sí me permito señalar el significado político y social de esa producción cinematográfica que ya fue presentada en festivales internacionales y en 223 cines nacionales.
En primer lugar diré que como fruto de la disputas entre los grandes productores de la industria del cine, el film no se proyecta en todos los cines del país, solamente en mucho menos de la mitad de las salas. Eso complica el acceso masivo del público al contenido del film.
La película viene al país precedida de logros en muestras internacionales, entre las que destaco el Premio del Público en el Festival de San Sebastián en España. Allí recibió la aclamación de los invitados a la proyección, en un porcentaje medido superior a 9, lo que la convirtió en una sorpresa histórica en ese festival. Ese elogio se tradujo también en forma muy mayoritaria en la crítica especializada. Ya fue seleccionada por la Academia Argentina para competir en los premios Oscar 2023 en Hollywood.
La gente que concurrió a ver el film salió muy emocionada y dentro de la sala se dispararon aplausos sostenidos que se sumaron a los que se ejecutaban en la película por parte de los asistentes al Juicio a las Juntas, juicio impulsado por el Presidente Raúl Ricardo Alfonsín y llevado a cabo por magistrados judiciales, tal como prescribe la constitución nacional y no por jurados especiales como se hizo en otros estrados como Núremberg, por ejemplo.
La aceptación del público en el país y en el extranjero revela el fuerte rechazo a las conductas fascistas y como contrapartida el valor de la Democracia y del Estado de Derecho, como premisas de comunión social conjuntamente a la vigencia perpetua de los Derechos Humanos, lo que se expresa con la frase final del recordado fiscal Julio Strassera ante la violación de esos derechos con un enfático: “NUNCA MAS”.
El caso argentino de ese infame largo, oscuro y execrable periodo se ha convertido en el mundo y en nuestro país en lo que la sociedad señala como irrepetible y abominable.
Valorar la vigencia de los Derechos Humanos no es y no debe ser bandera de un sector político sino una manda social y estatal que abarque todos los espacios políticos y sociales en nuestra nación. Sin el respeto a los Derechos Humanos transitaremos la levedad humana y no la firmeza del valor humano.