Opinión Antonio Marocco 19/06/2026

Belgrano, la bandera y el combustible de la esperanza

De abril a agosto, dicen los profes, las efemérides marcan el pulso del calendario escolar que en definitiva es el calendario que organiza la vida de la sociedad argentina.

Hola, Aries.

Buen viernes para todos. Nuestro país es maravilloso aunque ciertas épocas, noticias o discursos se empeñen en contagiar un espíritu contrario. Ahora, por ejemplo, estamos en plena temporada alta de historiadores e historia. De abril a agosto, dicen los profes, las efemérides marcan el pulso del calendario escolar que en definitiva es el calendario que organiza la vida de la sociedad argentina.

En abril la gesta Malvinas. En mayo la Revolución y el primer Gobierno Patrio. Luego el tiempo de Martín Miguel de Güemes, tan sentido en el afecto de los salteños y de cada vez más argentinos. Sigue ahora con el Día de la Bandera y la conmemoración de la figura del general Manuel Belgrano: ese general que fue mucho más un estadista americano que un diseñador textil de la enseña patria. En julio celebraremos la Declaración de la Independencia y en agosto el paso a la inmortalidad de don José de San Martín. Décadas de luchas condensadas en apenas un par de efemérides que ilustran con cuerpo y sentido la historia, el pasado y el futuro de un país que todavía sigue reescribiéndose.  

Escribo esta columna antes de partir hacia Campo Quijano, donde tomaremos la promesa de la bandera a los alumnos de cuarto grado. Como cada año, es más que emocionante: desde el portal de los Andes al chaco salteño, desde el trópico fronterizo del norte hacia el límite sur de la provincia. En Salta se sigue haciendo la Patria en cada ciudad, pueblo y paraje: en esas docentes que enseñan lengua y matemática, pero también a recitar el Preámbulo y a entonar el Saludo a la Bandera.

La Patria tiene sus guardianes en esos padres y abuelos que acompañan a los chicos con el guardapolvo blanco y se emocionan, y hasta se les caen las lágrimas, cuando sus hijos o sus nietos levantan la mano a la altura del corazón y gritan bien fuerte, como si fuera un estruendo del alma: “sí, prometo”. ¿Se lo habrá imaginado Belgrano hace más de un bicentenario?

¿Habrá sabido que ese ritual casi pagano que iniciaba al hondear nuestra bandera contra todo el mundo se convertiría en la actitud constitutiva de los argentinos para sobreponerse a los peores tiempos? Imposible no pensar en el viejo Balbín después del abrazo con Perón. Y aquella frase que tanto costó, y pareciera que todavía cuesta, entender: lo importante no es quien lleva el palo, lo importante es la bandera. Ojalá vuelva esa Patria a rectificar los intereses y las intenciones de recintos y despachos que parecieran ser ajenos a la idea de lo nacional.

Si existe la esperanza debemos buscarla alrededor de la Patria. Por eso me animo pensando que la Patria está ahí. En esos alumnos que mañana prometen su lealtad a la bandera. Que con 9 o 10 años empiezan a interpretar la grandeza de la historia argentina como un combustible visceral, igualitario y colectivo. Un combustible como el que inflamó la despedida imposible de un poeta rebelde como el Indio Solari. O como el combustible que logra inspirar incluso a quienes supuestamente ya lograron todo —como Messi a sus 39 años, por ejemplo— que sigue entregándose sin mayor especulación a las causas que conmueven a nuestro pueblo.

Hasta la próxima.

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