El homenaje a Güemes
Entre nosotros lo hacemos con una fiesta particular. Es el caso de una fiesta patriótica de fuerte arraigo y de notable participación popular.
Esto es así por dos razones.
Una porque Güemes literalmente dio su vida por la Patria. Morir por la Patria se dice fácil, pero se hace difícil. Se realiza con gran esfuerzo y sufrimiento. Impulsado por una enorme generosidad.
Los romanos decían que es agradable y honroso morir por la Patria. Sin embargo, esta satisfacción y este honor no quitan el sacrificio y el desgarro que ello significa.
La lucha de Güemes no era sólo con el enemigo exterior, sino también con el enemigo interno. El de la incomprensión, de los celos, de la negación de apoyo.
La segunda razón de que la fiesta de hoy tenga arraigo y sea masivamente popular es que muchas familias salteñas tenemos antepasados nuestros en las huestes de Güemes.
La gesta libertadora no fue un proyecto unipersonal, sino un proyecto social. El Ejército de la Patria se nutrió de los gauchos, esos cultivadores de la tierra y del ganado, que entregaron sus bienes y su propio cuerpo y alma para luchar por la libertad.
Por ello, Güemes, a la par que se lamentaba de la oposición de algunos sectores locales y de la falta de apoyo del gobierno de Buenos Aires, se enorgullecía y se alegraba del patriotismo y de la destreza de sus gauchos.
La gesta güemesiana es un claro testimonio de lo que logra un pueblo cuando se compenetra de altos fines y tiene claro el supremo bien de la Patria.
Es de nobleza de alma que honremos a nuestros próceres.
Es de grandeza de miras tener firme el objetivo de buscar el bien de nuestra sociedad y no pensar que todo da lo mismo y que por sí solas las cosas se van acomodar de buena manera.
Como a Güemes y a nuestros antepasados también ahora se oponen enemigos externos e internos que hay que saber neutralizar, porque de lo contrario no tendremos qué dejar para las generaciones que vienen.