Opinión Mario Ernesto Peña (h) 10/06/2026

Dos millones menos: el costo silencioso que paga el turismo argentino

Durante los últimos meses escuché en varias oportunidades que el turismo receptivo en Argentina estaba creciendo. Como ocurre con frecuencia en economía, decidí ir a buscar los números antes de sacar conclusiones. Y efectivamente los encontré.

Los datos oficiales del INDEC muestran que el país recibió aproximadamente 7,3 millones de turistas internacionales en 2023. Dos años después, esa cifra cayó a 5,3 millones.

La diferencia es contundente: cerca de 2 millones de turistas menos.

Por eso el dato de abril merece una lectura más profunda. Que un mes muestre una mejora respecto del año anterior es una buena noticia. Pero recuperar una parte de lo perdido no significa haber recuperado el terreno perdido.

La distancia respecto de 2023 sigue siendo enorme.

Y esa diferencia no es solamente estadística.

Detrás de esos visitantes que dejaron de llegar hay menos reservas hoteleras, menos consumo gastronómico, menos excursiones, menos transporte y menos actividad económica en cientos de destinos turísticos del país.

Si se considera un gasto promedio cercano a los 1.500 dólares por visitante durante toda su estadía, la pérdida de casi 2 millones de turistas respecto de 2023 podría representar alrededor de 3.000 millones de dólares menos para la economía turística argentina.

Lo más llamativo es que esta caída no ocurre en un contexto de crisis mundial del turismo.

Por el contrario.

Mientras Argentina perdía visitantes internacionales, varios de sus principales competidores regionales registraban cifras récord.

Brasil se consolidó como el principal destino turístico de Sudamérica. Colombia alcanzó máximos históricos de visitantes internacionales. Chile también mostró una fuerte recuperación y volvió a superar los cinco millones de turistas.

En otras palabras, el problema no parece ser una caída del turismo mundial.

El problema es que otros destinos lograron atraer más visitantes mientras Argentina perdía participación en el mercado regional.

Quizás allí aparezca uno de los datos más relevantes de todos.

Durante años Argentina fue uno de los principales destinos turísticos de Sudamérica y una referencia regional por su diversidad de paisajes, gastronomía, cultura y oferta turística.

Sin embargo, los números muestran que ese liderazgo comenzó a erosionarse.

Hoy Argentina recibe menos turistas que en 2023, genera menos ingresos y perdió parte de la posición que supo ocupar en la región mientras otros países avanzan.

La discusión sobre las causas seguramente admitirá distintas interpretaciones.

Algunos sostendrán que se trata del costo transitorio de un programa económico orientado a estabilizar variables macroeconómicas después de años de desequilibrios.

Otros señalarán que el fuerte encarecimiento relativo de Argentina en dólares redujo la competitividad turística frente a países vecinos que hoy ofrecen experiencias similares a precios más convenientes.

Ambas posiciones forman parte de un debate legítimo.

Lo que no admite demasiada discusión son los resultados.

Argentina pasó de 7,3 millones de turistas internacionales en 2023 a 5,3 millones en 2025.

Mientras tanto, varios competidores regionales crecieron.

Pero quizás el aspecto menos visible de esta historia sea el impacto sobre las pequeñas y medianas empresas.

El turismo argentino está sostenido fundamentalmente por pymes. Hoteles, restaurantes, agencias de viajes receptivas, complejos de cabañas, prestadores de turismo aventura, transportistas turísticos, guías, bodegas abiertas al turismo, comercios y servicios vinculados a la actividad conforman una red estimada en alrededor de 60.000 pequeñas y medianas empresas distribuidas en todo el país.

No se trata únicamente de grandes cadenas hoteleras o empresas de alcance nacional. La inmensa mayoría son emprendimientos familiares o empresas de escala local que generan empleo, inversión y movimiento económico en cientos de ciudades y pueblos de la Argentina.

Cuando Argentina pierde turistas internacionales, esa pérdida no se concentra en una empresa ni en una ciudad. Se distribuye entre miles de pequeñas empresas turísticas a lo largo de todo el país.

Son esas pymes las que postergan inversiones.

Son esas pymes las que ajustan costos.

Son esas pymes las que ven reducirse su actividad.

Y son esas pymes las que sostienen buena parte de la economía de numerosos destinos donde el turismo representa una de las principales fuentes de ingresos.

Por eso la discusión no debería limitarse a si un mes creció o cayó algunos puntos porcentuales.

La verdadera pregunta es otra:

¿Puede Argentina darse el lujo de perder dos millones de turistas internacionales, alrededor de 3.000 millones de dólares en ingresos y posiciones en el ranking regional mientras sus principales competidores siguen creciendo?

Los últimos datos muestran una recuperación respecto de 2025.

Pero también muestran algo imposible de ignorar.

Argentina todavía está lejos de los niveles que alcanzó en 2023.

Perdió turistas.

Perdió ingresos.

Y perdió parte del liderazgo turístico que supo tener en Sudamérica.

Esa es la realidad que muestran los números.

Y esa es también la discusión que el sector turístico argentino necesita dar.

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