Salta no necesita cómplices, necesita representantes
Hoy quiero hablar de algo que considero central: Salta no necesita cómplices, necesita representantes.
Y lo digo porque hay momentos donde el silencio también es una forma de complicidad.
Y este es uno de esos momentos.
Porque mientras nosotros trabajamos más para vivir peor, mientras vemos cómo aumentan las tarifas, mientras nuestros jubilados pierden poder adquisitivo y mientras nuestros comerciantes luchan para sostener sus negocios, hay legisladores nacionales que siguen levantando la mano contra los intereses de la provincia que dicen representar.
Y no hablamos de discursos.
Hablamos de votos.
De decisiones concretas.
Porque las campañas duran unos meses.
Los cargos duran unos años.
Pero los votos en el Congreso duran para siempre.
Y los salteños tenemos derecho a recordar quién acompañó cada medida que hoy nos complica la vida.
La pregunta es simple:
¿Representan a Salta o al Gobierno Nacional?
Porque cuando llegó el momento de defender a nuestra provincia, muchos eligieron obedecer antes que representar.
Y eso tiene responsables.
Hoy tenemos salarios que no alcanzan.
Tarifas que aumentan.
Falta de trabajo.
Comercios que venden menos.
Pymes que luchan para sobrevivir.
Y una provincia productora de gas pagando cada vez más cara la energía.
Eso no es federalismo.
Eso es centralismo.
Salta produce gas.
Salta genera recursos.
Salta aporta riqueza a la Argentina.
Pero el norte sigue pagando tarifas cada vez más altas como si no produjera energía.
Y mientras miles de trabajadores argentinos volvieron a pagar Impuesto a las Ganancias, aparecen beneficios extraordinarios para los grandes proyectos de inversión.
Ahí está el RIGI.
Y hay que decirlo claramente.
Porque nadie está en contra de las inversiones.
Lo que discutimos es otra cosa.
Discutimos por qué el esfuerzo siempre parece recaer sobre quienes trabajan, producen y viven en la Argentina.
Mientras miles de trabajadores vuelven a tributar Ganancias sobre sus ingresos, los grandes proyectos adheridos al RIGI reciben beneficios fiscales especiales, estabilidad tributaria por décadas y condiciones excepcionales para invertir.
La pregunta es simple:
¿Quién hace el esfuerzo y quién recibe los beneficios?
Porque una pyme salteña no tiene esos beneficios.
Un comerciante salteño no tiene esos beneficios.
Un productor salteño no tiene esos beneficios.
Un trabajador salteño no tiene esos beneficios.
Y nadie puede explicar por qué al que trabaja se le exige cada vez más mientras a los grandes capitales se les otorgan condiciones extraordinarias.
Nadie está en contra del desarrollo.
Lo que queremos es que el desarrollo deje riqueza, trabajo y oportunidades en la Argentina.
Porque el litio se va.
El cobre se va.
El oro se va.
El gas se va.
Pero nosotros nos quedamos acá.
Y somos nosotros los que convivimos con salarios bajos, falta de empleo y dificultades para llegar a fin de mes.
Por eso estamos cansados de que el esfuerzo siempre recaiga sobre los mismos.
Porque vemos dirigentes que hablan de federalismo y después votan contra las provincias.
Hablan de defender a Salta y terminan acompañando medidas que perjudican a los salteños.
Y después vuelven a pedir confianza.
La verdad es que la representación tiene una sola obligación:
Defender a quienes los eligieron.
No obedecer órdenes.
No cuidar cargos.
No acomodarse al poder de turno.
Defender a su pueblo.
Por eso la discusión de fondo no es partidaria.
La discusión es quién está dispuesto a defender a Salta y quién está dispuesto a seguir obedeciendo.
Porque para levantar la mano obedeciendo hay muchos.
Pero para defender a Salta, para defender nuestros recursos, nuestro trabajo y nuestra gente, cada vez quedan menos.