Propuesta
La iniciativa fue expuesta por el vicegobernador Antonio Morocco, en el cierre del ciclo Diálogos, organizado por el Ejecutivo Provincial para que el gabinete expusiera su gestión. Este último encuentro con periodistas convocados al efecto, coincidió con una jornada muy complicada para la política argentina.
El electoralismo atraviesa toda la actividad institucional y el estilo en extremo confrontativo que se ha impuesto, está perturbando la apreciación que la ciudadanía debe tener de esta actividad. La sesión informativa llevada adelante el pasado miércoles por la Cámara de Diputados para tomar nota de la gestión del Ejecutivo nacional, a través del Jefe de Gabinete, fue una muestra del impacto de una campaña que se ha iniciado con vistas a las elecciones de medio tiempo para reformar parcialmente la integración del Congreso.
Los sectores en pugna están utilizando las bancas para reforzar su posición dentro de cada cámara y ampliarla, como ha expuesto claramente el oficialismo libertario. Y desde esa pretensión, junto al kirchnerismo y otros sectores opositores conformaron una imagen que degrada a la política. Ese es un elemento que abona la iniciativa del Vicegobernador de la Provincia, quien insistió en su propuesta de eliminar las elecciones de reforma legislativa que se convocan cada dos años, como un mecanismo de evaluación ciudadana de una gestión de gobierno.
“El medio término empieza a ser un costo carísimo para la armonía del sistema democrático”, es la síntesis de la razón de esta propuesta que seguramente quedará para la discusión política tras los comicios de octubre. En ese orden, el costo al que se refirió quien también es el titular del Senado de la Provincia, no es solo el de recursos públicos sino también de la estabilidad que se requiere para llevar adelante la tarea de gobierno respecto de las demandas sociales en materia de obras y servicios; especialmente, respecto de la necesidad de fortalecer un proyecto de desarrollo que no se interrumpa en cada mandato. A juicio de Antonio Morocco, la gente -ese colectivo que domina los afanes de la política- quiere votar cada cuatro años, cuando puede evaluar el ciclo completo de una administración. En todo caso, dos mandatos pueden servir para un premio o un castigo.
La evaluación del veterano dirigente peronista, quien reconoció que presume de ser “un gran demócrata”, no excluyó la responsabilidad que la dirigencia tiene en los niveles de conflictividad que está alcanzando una campaña, que todavía no dio la oportunidad a los sectores participantes de exponer propuestas. De alguna manera justificó el desapego ciudadano hacia la práctica del deber que lo hace partícipe de la integración de los gobiernos.
Quizás eliminar elecciones no sea el camino para resolver los crecientes problemas del sistema institucional. Es como encontrar un atajo para ir salvando la deuda que crean los dirigentes, cuando se preocupan por sus intereses personales o partidarios y no encaran la raíz de las sucesivas crisis por las que arrastran a la Nación toda.
Eliminar jubilados o discapacitados o cerrar universidades, no es el camino. Guardar las urnas, tampoco. Pero sirve debatir para evidenciar las claudicaciones de quienes toman las riendas de los asuntos públicos.
Salta, 28 de agosto de 2025