Efectos
Hubo mucho entusiasmo en la comunicación de la variación de precios en el último mes de 2024. La inflación de diciembre marcó un 2,7% mensual, lo que hizo terminar el año anterior con un índice de casi 118 por ciento. Luis Caputo, titular del Palacio de Hacienda, aseguró que es el número más bajo para un mes de diciembre desde 2018, mientras que el promedio trimestral es el menor desde septiembre de 2020. Las razones para la celebración no se agotan en esos datos; lo más relevante es que se da en el marco de una recuperación económica y salarial.
En ese contexto no correspondía advertir que el guarismo es superior al registro de noviembre; se trata de una diferencia insignificante y repite lo que ocurrió a mitad del año anterior, cuando la inflación de junio superó a la de mayo, también en menos de un punto. Por entonces generó temor porque la eficiente política para controlar el dato más díscolo de la economía argentina -y de mayor impacto en los bolsillos de todos los habitantes- podía fracasar.
No fue la misma reacción frente al leve salto del 2.4% de la inflación de noviembre al 2.7 de diciembre, interrumpiendo el descenso continuo de los precios. Quizás se deba a que el dato dejó de encabezar la lista de preocupaciones que tiene la sociedad argentina, según mediciones de reputadas consultoras. No es para menos si se atiende a que la variación interanual del IPC Nacional fue de casi la mitad de la inflación registrada en 2023.
Aunque ya no sea el guarismo que desvele a los argentinos, su evolución sostiene la continuidad de la política que lleva adelante el gobierno libertario, basada en el ancla fiscal, el ancla monetaria y el ancla cambiaria, según describiera el Ministro de Economía. El hombre común seguramente no se detiene a tratar de entender ese anclaje pero sí puede apreciar la tendencia a la estabilidad, aguardando que el proceso de desinflación no profundice la recesión sino que -como dice la conducción de la hacienda pública que está sucediendo- se realice en el marco de un repunte de actividad y de ingresos. Al menos, el Estimador Mensual de Actividad Económica acumuló un crecimiento de 2,3% entre diciembre de 2023 y octubre de 2024; puede discutirse -porque no se percibe tal suba- el incremento en términos reales de más del 10% de los salarios del sector privado registrado y las jubilaciones,
Es que los mayores aumentos de precios informados por el Indec se registran en rubros de fuerte incidencia en el presupuesto familiar de cualquier grupo social. En diciembre impactaron en servicios esenciales como los de agua, electricidad y gas y en los alquileres, además de la telefonía y acceso a Internet, cuyos valores duplicaron la media del período analizado.
El efecto no es el mismo según las regiones. En el caso del NOA, la inflación llegó también al 2,7%, pero si se tiene en cuenta que el registro anterior no había llegado al 2% puede entenderse que hubo una aceleración del indicador muy preocupante, especialmente si se considera que la división con mayor incidencia fue Alimentos y bebidas no alcohólicas con aumentos en Carnes y derivados, Pan y cereales y Leche, productos lácteos y huevos. Y estas diferencias se enmarcan en un retroceso estructural en términos de empleo, acceso a servicios básicos y movilidad social.
La misma inflación en un área con 10 puntos más de pobreza tiene efectos más duros que en las zonas más desarrolladas. Ello indica que hay un largo camino por recorrer si se quieren celebrar logros con un entusiasmo digno de mejor causa.
Salta, 15 de enero de 2025