Opinión Padre Julio Raúl Méndez. 18/03/2026

Cuba y la Santa Sede

Entre las noticias de guerras y convulsiones institucionales, Cuba ofrece señales de una crisis total. Prácticamente falta lo esencial y la organización estatal se encuentra sin posibilidades de resolver la situación.

Desde siempre la isla necesitó de relaciones externas para su funcionamiento. Cuando se estableció el régimen castrista y se produjo el bloqueo estadounidense, el pulmotor externo fue la Unión Soviética. Luego de la caída de la cortina de hierro la nueva fórmula fue el turismo extranjero, las remesas de los exiliados y, finalmente, el régimen de Venezuela. 

La actual situación venezolana dejó a Cuba gravísimamente afectada. Por ello se desencadenó la actual crisis, que parece terminal. En este marco, los Estados Unidos han ajustado su presión para forzar un cambio de régimen político. Obviamente, quien está sufriendo es el pueblo cubano.

Por lo general, en los bloqueos de combustible, de alimentos y medicamentos, no suelen ser las élites gobernantes las que más padecen; ellas siempre tienen recursos especiales, dentro y fuera del país. Son las gentes de a pie las que padecen al extremo.

Ante este panorama de tragedia humanitaria, la Santa Sede se ha movilizado diplomáticamente para servir de interlocutor con el gobierno de los Estados Unidos y las autoridades cubanas, a fin de poner fin al sufrimiento y lograr una salida institucional aceptable. Las dos partes subrayan esta gestión de amigable componedor.

Las relaciones diplomáticas entre Cuba y la Santa Sede se establecieron en junio de 1935 y se han mantenido de forma ininterrumpida. Cuba destaca por ser la única nación comunista que nunca rompió vínculos con el Vaticano. La Santa Sede cuidó de mantener su nunciatura en La Habana, aún en los peores momentos de la larga historia de persecución y limitaciones a la actividad de la Iglesia desde la Revolución de 1959.

La isla fue visitada por cardenal Pacelli, luego Papa Pio XII. El papa Juan XXIII intervino entre Estados Unidos y la Unión Soviética en 1963 en la crisis de los misiles para frenar los bombardeos que iban a caer sobre Cuba. A partir de la visita del santo papa Juan Pablo II en 1998 se flexibilizaron un poco las restricciones. Luego estuvieron allí los papas Benedicto XVI y nuestro Francisco. El actual papa León XIV, además de su misión apostólica, tiene vínculos familiares que lo unen afectivamente de modo personal. 

Esperamos que la actual gestión de buenos oficios rinda frutos para un nuevo horizonte de los hermanos cubanos.

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