La última apuesta a todo o nada

Opinion 02 de agosto de 2022 Por Jorge Folloni
Concluyó otro episodio de la comedia o del drama, que los argentinos presenciamos y padecemos desde hace tiempo.
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Durante los últimos ochenta años, hemos visto con dolor y frustración, como nuestro país, fue descendiendo permanentemente, para pasar de ser la décima potencia del mundo, muy por delante de Canadá y Australia, y tras habernos declarado ocho veces en default, es decir, de haber trampeado a nuestros acreedores, en el país sumido en el subdesarrollo y moroso serial, que ahora somos.

Predijimos, que la carencia de antecedentes suficientes de Batakis, permitía presumir su fracaso.

Pero con todo, no era de esperar que la conclusión de su brevísimo mandato, ocurriera de una manera tan brutal, desconsiderada y ridícula.

La enviaron con la mayor irresponsabilidad a los Estados Unidos, a dialogar con las máximas autoridades del Fondo Monetario Internacional, al cual le estamos pidiendo confianza en nosotros, para que nos permita reintegrar con ciertas facilidades los cuarenta y cinco millones de dólares que le debemos.

A más de ello, nuestro embajador en ese país, Jorge Argüello, con gran diligencia, le preparó reuniones con los representantes de las más grandes empresas estadounidenses.

A todos ellos Batakis, siguiendo las instrucciones recibidas, les expresó la firme decisión de ordenar nuestra economía y cumplir con nuestras obligaciones, poniendo de manifiesto el respaldo que ella supuestamente tenía, de los diversos sectores que componen el gobierno del Frente de Todos.

En esos mismos momentos en Buenos Aires, se estaba resolviendo removerla de su cargo, decisión que nadie tuvo la mínima deferencia de informárselo, sino que se enteró, recién cuando de regreso, puso un pie en Ezeiza.

Implica esto, no solo una absoluta desconsideración y falta de respeto personal, fruto del desorden y desconcierto en el que vive sumido nuestro gobierno, sino lo que es más grave, de un verdadero papelón en el plano internacional, que contribuye a ahondar aún más el descrédito de nuestra política internacional.

En una forma de compensar sus infortunios, a Batakis se la nombró ahora, presidenta del Banco de la Nación, sin que nadie antes, hubiera tenido la menor delicadeza de hacerle saber a quien detentaba ese cargo, que habían resuelto despedirlo.

Es así que el entonces presidente de esa institución bancaria, en el preciso momento en el que estando en Catamarca, en el estrado junto al gobernador y cuando iba a comenzar su discurso anunciando las medidas que tenía previstas para ayudar a las pymes, lee con desconcierto en su celular y esto se ve claramente en el video, el mensaje donde alguien, le cuenta que lo han cesado en su cargo, con lo cual y con contenida bronca, transforma su discurso en una letanía en la que trata de explicar todo lo que hasta aquí había hecho, como poniendo de manifiesto lo injusto y desconsiderado de esa medida.

Y qué decir del pobre Scioli, permanente aspirante a repetir la candidatura presidencial.

Es cierto que Daniel, es un hombre ya curtido en soportar humillaciones, luego de las que reiterada y públicamente le propinara Cristina despiadamente.

Pero así y todo, se trataba de nuestro embajador destinado en nuestro mayor socio comercial como lo es Brasil y luego de haberlo hecho regresar de urgencia, para asumir el Ministerio de Desarrollo y haberle asegurado que finalmente quedaría en el cargo, ante la exigencia de su gran enemigo político que es Massa, lo obligan a obtener un nuevo acuerdo del Senado y otro placet de la nación hermana, constituyendo todo esto para nuestro país, otro tremendo papelón.

Massa, si no lo recuerda, es el mismo que en las elecciones de 2015, en las cuales Alberto Fernández era su jefe de campaña, prometía que si llegaba a la presidencia, la metería presa a Cristina y echaría a todos los ñoquis de La Cámpora.

Ahora se ha hecho gran amigo de Máximo Kirchner y socio político de Cristina.

Antes eso tenía otros calificativos pero hoy, se lo considerado normal y justificado, diciendo que es pragmatismo político.

Los une, la desmesurada ambición de Massa por tratar de llegar a la presidencia y quien en este descalabro total en el que está sumido el gobierno, vio la oportunidad de presentarse como el salvador y el temor de Cristina a que Alberto terminara renunciando y dejándole a ella el legado de un país en llamas.

La consecuencia, es un presidente que terminó de quedar vaciado totalmente de poder y convertido en una mera figura decorativa, una vicepresidenta poseedora de los votos dentro de ese frente pero enormemente preocupada por las causas judiciales que la acosan y una suerte de primer ministro, respecto a cuyo desempeño, se abren un sin número de interrogantes.

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