Grandeza

Opinion 20 de junio de 2022
“¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios, y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, sin no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?”. 
bandera

Quien se hacía esta pregunta hace 224 años presentó un proyecto de enseñanza estatal, gratuita y obligatoria en una colonia española. Y hoy es recordado por la bandera celeste y blanca que creó para sostener en alto el ánimo de quienes debían defender con su vida el intento de romper lazos con la metrópolis. Manuel Belgrano, sin embargo, sigue siendo una imagen de revista escolar.

Millones de niños de cuarto grado en esta fecha prometieron lealtad a la enseñanza nacional y quizás no han tenido oportunidad de adentrarse en el pensamiento de su creador, que fue un gran militar, un indiscutible líder social, un economista lúcido y un político revolucionario. Una gesta gloriosa no le llevó presuntuosamente a pretender ser un padre de la patria. “Me contentaría con ser un buen hijo de ella”, dijo en una de sus misivas sustanciales.

Le tocó, como a muchos otros próceres que verdaderamente construyeron la Nación Argentina, que la historia se haya ocupado más en convertirlo en un monumento que a presentar los propósitos que lo llevaron a una vida azarosa y a una muerte sumida en una inmerecida pobreza . No había que construir su ida; estuvo ordenada en sus escritos y Memorias y aparece en la documentación de los hechos más relevantes de la historia del Siglo XIX, como la Revolución de Mayo, la Declaración de la Independencia y los informes de triunfos y derrotas guerreras. 

La creación de la Bandera fue un gesto político concreto de emancipación e independencia que, según algunos historiadores, tuvo que realizar ante un gobierno central que no consideró el sacrificio y la entrega de pueblos del interior y privilegió sus intereses portuarios. Lamentablemente, el centralismo de espaldas al resto del país sobrevivió, convirtiendo en asignatura pendiente las propuestas de Manuel Belgrano.

Estuvo alineado con las convicciones de San Martín y Martín Güemes, que solo se repasan en algunos discursos en junio y agosto porque, seguramente, así le conviene a la política de este tiempo. Se despliega la bandera y se deja detrás de ella la preocupación de Belgrano por crear un sistema educativo para la niñez de ambos sexos, que los sacara del analfabetismo y los preparase con conocimientos útiles para aportar al desarrollo. Fue el hombre que les indicaba a los gobernantes porteños que las tres fuentes universales de la riqueza estaban en el fomento de la Agricultura, en la promoción de la Industria y la protección del Comercio. Con la misma fuerza proponía el reparto de la tierra y la unidad del continente para enfrentar mejor al enemigo externo.

Dos siglos atrás Belgrano convocaba “a observar la desagraciada constitución del sexo débil” y proponía incorporar a la mujer a los procesos productivos, especialmente a la industria. Aseguraba que de su bienestar nacería la reforma de costumbres en toda la sociedad.

Tanta grandeza resalta con trazos gruesos la pequeñez de las pujas que ocupan a quienes debieran liderar las transformaciones para sacar de la pobreza a un país que Belgrano soñó libre e independiente. 

Salta, 20 de junio de 2022

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