Semana santa

Opinion 20 de abril de 2022 Por Guillermo Martinelli
La semana pasada denominada Semana Santa, tenía un significado esencialmente religioso tanto en la religión judía como en la católica.
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En la primera, era el cese de la esclavitud del pueblo judío en Egipto y el transcurso de cuarenta años de ese conglomerado en el desierto. En la católica es la pasión, muerte y resurrección de Jesús, el Dios hecho hombre.

Es posible que los prelados e iglesias continúen con igual impronta, aunque atenuada en muchas liturgias. Sin embargo tanto desde la sociedad civil como del Estado las cosas cambiaron y bastante.

Había que prepararse con anticipación en el culto. Se esperaba esos días con una actitud personal y comunitaria muy ligada al sacrificio de Cristo, con oraciones y limitaciones en lo diario. La ciudad estaba en silencio, la gente recogida en sus casas y las salidas era para recorrer los distintos templos cumpliendo con la liturgia. Allí las imágenes estaban cubiertas con lienzos, los sacerdotes usaban casullas de duelo, negras o moradas, no se tocaban las campanillas en momentos de la misa y se remplazaba con el sonido ronco de la madera. Por cierto que los campanarios permanecían mudos. El ayuno y la abstinencia de carne se respetaban a rajatabla, no había funciones de cine y las radios trasmitían música sacra y clásica. En la televisión se repetían las viejazas películas aptas para todo público y más adelante las de carácter religioso como Ben-Hur, Rey de Reyes y otras de parecida temática.

Desde hace algún tiempo las realidades han cambiado. Era inimaginable por ejemplo que los militares, católicos a ultranza en su mayoría, se levantaran en esa fecha desafiando a punta de bayonetas al poder civil, pero lo hicieron en Semana Santa durante el gobierno del Presidente Alfonsín.

Igualmente nadie podía usar esos días para el jolgorio. Pero ahora el propio Estado y por cierto las personas utilizan la Semana Santa para el ocio recreativo y recorren distancias para encontrar placer, degustar comidas y bebidas. El Estado se vanagloria de un lleno en la ocupación de hoteles por el turismo que deja ingentes recursos a los comercios de todo tipo y medios de transporte y los gobiernos calculan altas recaudaciones de impuestos en sus arcas.

Las cosas llegan a situaciones antes insospechadas, como por ejemplo, que monjas que realizan votos de obediencia, pobreza y castidad denuncien a dos obispos y un clérigo de violencia de género y que la Justicia le imponga, nada menos que a ellos, la imposibilidad de acercarse a trescientos metros del Convento donde residen las monjas, y por si los prelados quisieran violar la restricción se instaló consigna policial en la puerta del Convento para preservar la orden judicial y la integridad de las profesas. 

Cosas vedere Sancho que non crederes. Las cosas cambiaron y mucho.

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