La batalla campal entre Juventud Antoniana y Bella Vista, contada por Hugo Lamadrid

Deportes 20 de enero de 2022
Ocurrió durante la temporada 1992/93 del Torneo del Interior y el jugador relató la historia en su cuenta de Twitter
Lamadrid

Juventud Antoniana tiene una parada complicada el sábado a las 17 frente a Bella Vista, en el marco de las semifinales de la Región Norte del Regional Amateur. No es la primera vez que el Santo se mide con el equipo tucumano, sino que ya lo enfrentó en la temporada 1992/93 del Torneo del Interior. En aquel momento, los tucumanos ganaron 1 a 0 y todo terminó en una batalla campal. La historia fue narrada por Hugo Lamadrid, el mediocampista que brilló en un club grande como Racing y otros equipos importantes del país, incluyendo al Santo.

Diario

RECORTE DE LA GACETA

La historia que contó el exjugador no tiene desperdicio y se volvió viral en las redes sociales. Con un particular toque de buen humor, Lamadrid cuenta en detalle cómo fue el trámite del partido y el final que tuvo el encuentro en la Comisaría local. Este sábado desde las 17, por otro lado, el antoniano irá en busca de un resultado favorable para seguir su camino en los play offs del Regional Amateur y buscar el ascenso al Federal A. 

LA HISTORIA CONTADA POR HUGO LAMADRID

Periplo con Juventud Antoniana


Aclaro que no le voy a dar bola a la ortografía ni a las formas.

Corrìa el año 1993. O 1994, no me acuerdo bien.

Juventud Antoniana de Salta debìa viajar a al provincia de Tucumàn para medirse en una gesta deportiva màs, que nada hacìa presagiar lo que sucederìa durante la tarde de aquella tarde.

Y mientras escribo se me vienen mil imàgenes que aùn rebotan en mi cabeza (aia) y me pregunto, entre otras cosas, porque el acento sale al revès. Si alguien me dice como lo arreglo,agradecido.

El viaje de Salta para concentrar en Tucumàn capital y el traslado al otro dìa desde el hotel para ir directamente a la cancha, donde nos recibiò un clima caluroso temperaturalmente (?) hablando y desde las tribunas que vaya a saber por què, insultaban solamente a un apellido. El mio. Nada que no hubiera o hubiese sucedido antes. En cualquier otra cancha. De local o visitante. De noche o de dìa.

Creo que recordar que ese fue un dìa patrio porque se enarbolò el Pabellòn Nacional a un costado del campo de juego entre los dos capitanes antes del comienzo del cotejo.

El partido, tìpico. La pelota parece que acumulaba millas porque anduvo mas por el aire que por el piso. Si, piso, porque en algunos sectores parecìa que tenìa baldosas de lo duro que estaba.

Y hablando de duro, otro dìa les contarè otra anecdota del mismo plantel antoniano que una tarde haciendo ejercicio de sus facultades constitucionales, hizo un paro para reclamar por pago de sueldos atrasados y en señal de protesta fue a entrenar a una plaza, hasta que bajaron de un Chevrolet 400 y un Torino, ocho (8) integrantes de la querida barra y a punta de pistola (encañonados se dice) nos hicieron recapacitar y volvimos todos juntos caminando a nuestra cancha.

Volviendo a Tucumàn, partido malo. Lo perdemos 1 a 0 si mal no recuerdo y mientras nos saludabamos amistosamente con nuestros pares tucumanos, vemos a nuestro arquero Daniel Cersòsimo (ex Velez entre otros) pegarle trompadas a uno de los niños alcanzapelotas, que no tenìa nada de alcanzapelotas y menos de niño. Allì nos dirigimos raudamente para separar a nuestro compañero que se notaba cansado, para seguir pegandole nosotros, cosa que no le gustò a los jugadores del equipo local.

Una pequeña trifulca nos desemboca camino a los vestuarios. La fila donde se confundìan ambas camisetas, tensa. Muy tensa. Alguien se tiraba un pedo y volaba todo por el aire. El lento avance hacìa que el aire se espesara cada vez mas.

Y en un momento quien suscribe, recibe desde atràs un golpe a la altura del cuello con un objeto contundente. Giro sobre mi eje para consultar cual habìa sido el motivo de la agresiòn y el causante de la misma, y descubro a un agente de la ley de aproximadamente 1,56 de altura tomando con las dos manos su Itaka al grito de "camina porteño culeao"

Le apuntè la trompada al sector que compone el final de la nariz con el comienzo de la boca como para que entienda que no se dice "culeao" sino "culeado" en todo caso. Despues de esa primera mano siguieron dos mas, la màquina me diò un Jackpot y ya no hubo mas nada que hablar.

Dos planteles completos con sus cuerpos tècnicos y 15 policìas a las trompadas. Creo haber visto a un compañero que aprovechando la confusiòn le pegò dos piñas al entrenador porque no lo ponìa casi nunca.

Llegamos al vestuario fue mas difìcil que completar una etapa del Dakar. Llenos de tierra, piñas, camisetas rotas y rasguños (no, no estaba el muñeco) Una vez sentados y tratando de recobrar fuerzas pero sobre todo planificar una estrategia para salir de ahi, escuchamos detonaciones de armas de fuego (parezco Mauro Szeta) y al asomarnos por los ventanales de 35 x 35 del vestuario, vemos como hinchas locales un poco enardecidos apuntaban con sus armas a nuestros hinchas apoyados en una pared.

En ese preciso momento alguien golpea la puerta del vestuario al grito de "abran por favor" y como soy un tipo solidario, me dispuse a abrir la puerta ante la negativa del PF que no recuerdo el nombre en este momento, pero recuerdo que era un militar del cuerpo de paracaidistas (no es joda) "El vestuario es sòlo para los jugadores" gritò en un tono que de militar poco quedaba. Abro la puerta y era un hincha nuestro chorreando sangre y con la cabeza partida a punto que recuerdo haberle visto las ideas. Bueno, una idea.

Ante la negativa del militar tuve que decidir si moriamos esa tarde en tierras tucumanas o al dia siguiente en tierras salteñas por no haber dejado entrar al hincha mal herido. Me puse de piè y declarè: prefiero que me maten hoy aca y no mañana cuando lleguemos a Salta. Yo salgo y me junto con el resto de nuestros hinchas que estaban siendo amablemente atendidos en el circulo central por toda (y cuando digo toda, es toda) la gente que habia ingresado al campo de juego ya que aparentemente la entrada venia con una promo "entra y sentite un jugador mas y si no podes, cagalo a trompadas"

Lo que sigue es dificil de expresar y a esta altura ya me chupa un huevo los acentos, asi que no rompan las pelotas los correctores que no cogen. Eramos 20 jugadores, cuerpo tècnico, auxiliares y 40 hinchas, rodeados por calculo yo 500 amigos tucumanos al grito de algo que no recuerdo. Giraban alrededor nuestro como en las peliculas del lejano oeste. Tenia mas golpes que Lanatta despues de volcar la camioneta.

"Ya llega la policìa, mantèn (?) tranquila a tu gente" recuerdo que me dijo el arbitro sanjuanino que ni en pedo me acuerdo como se llama. "Ya llega la policia", pensaba yo. Policia Tucumana...!! Pensaba yo.

Y en esa tensa espera, una persona de mediana estatura al que nunca conocì hasta el final de la historia se puso a mi lado. Iba y venia conmigo. Queres un autografo, capo? No me hablaba.

Un grupo de 10 hinchas visitantes me señalaban con el dedo indice menos uno que me señalaba con el pulgar porque le faltaban los otros me decian "Lamadri.. Lamadrì...venì". Estaran practicando rimas los hijos de puta? No, me querian pegar. Vos podes creer? A esa altura con todas las piñas que llevabamos de vuelta para Salta, habia que prepararse para pegar una y recibir 5 (fue mas o menos el promedio de la tarde)

Y empezò a haber focos de conflicto en todo el circulo central y alguien que dice "tucumano ladròn" Por que? Era necesario? Si faltaba poco para que llegue la policìa. Dos hinchas locales logran romper el primer cordon de la resistencia y me encaran con sed de muerte, nada de venganza ni de pegar. Venian a matar. El personaje que tenia a mi lado y que me seguia, me agarra del brazo izquierdo y pensè "aca fallo inteligencia, estuvimos infiltrados" y en el momento que me agarra le digo algo asi como "te voy a matar hijo de puta" y le asesto con una punteria extraña en mì un golpe de puño y un codazo a la altura del tabique. Luego de esto, todo parecia una gran ola en el mar cuando te agarra boludeando y te lleva arrastrando 35 metros y te tira vergonzosamente en la costa.

Finalizado el acto, llega la policia.
Tres (3) policias a caballo.

"Que anda pasando" dijo uno y deci que las fuerzas que nos quedaban la utilizabamos para respirar y tratar de discernir que era oxigeno y que era sangre

Nos pusieron en fila india y de la cancha nos acompañaron hacia la comisaria, donde estaba nuestro omnibus aguardando por los que iban llegando con vida. Mientras ibamos caminando la gente del lugar nos saludaba amablemente arrojandonos piedras y maderas desde las puertas y techos de sus casas

"No respondan a las agresiòn (?)" Claro que no, oficial.

Al llegar a la comisarìa, de a uno los players comienzan a subir al micro. Una voz desde los interiores de la misma dice "quien es Lamadri..?" Yo supuse algun policia hincha de Racing deseoso de un autografo pero no. "Tiene una denuncia por amenaza de muerte" dijo el uniformado. Quiero un abogado, dije. Aca no se estudia abogacia, entre al calabozo.

Y alli estuve por varias horas sentado en un calabozo solo con los botines y el pantalòn. Sin camiseta perdida honrosamente en el combate.

La denuncia por amenazas de muerte habia sido radicada por ese señor que estuvo a mi lado toda la tarde y que habia resultado ser un dirigente del club local. Su funciòn habia sido cuidar que no me agredan (tarde la concha de tu madre" Pero claro, la piña y el codazo fueron mas fuerte que sus convicciones y me denunciò.

La vuelta fue de charla entre los que todavia guardabamos algunos dientes y refrescandonos con la suave brisa tucumana, porque al micro le habian reventado todos los vidrios.

Los saludo afectuosamente.

Hugo Lamadrì (?)

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