
Una nueva oportunidad

A pesar de la intención del centralismo porteño de digitar listas únicas en las principales fuerzas políticas locales, es interesante cómo en Salta se impuso la vocación democrática y participativa, para que existan opciones en los dos frentes nacionales mayoritarios. La decisión de la justicia electoral de permitir una amplia participación está en línea con la intención del legislador al aprobar la ley nacional de Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias.
A pocas semanas de la elección provincial, me temo que se pueda repetir el comportamiento electoral de apatía y descontento que se reflejó en el bajo porcentaje de votantes y en el muy alto voto en blanco.
El propósito de mi reflexión es instar a la ciudadanía a ejercer su derecho en forma positiva para impulsar mejoras en políticas públicas que materialicen la ampliación de derechos. El objetivo político debe ser garantizar para todas las personas que habitamos en nuestro país, un piso común de bienestar socioeconómico y de participación socio-cultural.
Jurídicamente el voto en blanco es un voto válido, en tanto representa una manifestación de la voluntad del elector de abstenerse de elegir entre las diversas propuestas formuladas. Al ser considerado como válido el impacto en el resultado afecta a los partidos minoritarios[1]. Ello en tanto son computados para calcular el piso del 1,5% de los votos válidos emitidos como condición para participar en la elección general de noviembre próximo. De este modo el voto en blanco termina beneficiando a los partidos mayoritarios y excluyendo de la contienda electoral a los partidos más chicos.
Argentina y aun más nuestra Provincia aun transitan un período de consolidación de los procedimientos de la democracia: hemos logrado la transferencia pacífica del Poder ejecutivo de un gobierno electo a otro, prácticamente las Fuerzas Armadas como usurpadoras del poder político en el siglo XX han desaparecido. Pero aun tenemos asignaturas pendientes en materias como libertad de expresión, independencia de las instituciones judiciales respecto del poder político, falta de eficiencia de los órganos de auditoría, entre otros aspectos relevantes. La democracia contemporánea es la forma política que reúne las múltiples historias de la libertad, de la emancipación y de la autonomía que han marcado la experiencia humana. Los argentinos hemos sufrido una dictadura sangrienta, y forma parte de la historia que no queremos repetir.
Debemos evitar caer en las amenazantes derivas de la impolítica, de la anti-política y de la despolitización que convocan al voto en blanco, a la abstención, a la no participación. Ellas sí son las que ponen en peligro al sistema democrático que tiene como horizonte la aspiración de bienestar común. La experiencia universal ha demostrado que la anti-política termina siempre en autoritarismos. Basta mirar las experiencias latinoamericanas.
Necesitamos ampliar y hacer más pluralistas todas las formas de participación socio cultural, mejorando los instrumentos políticos de representación y ampliando los mecanismos de la democracia participativa a efectos de que todas las voces sean escuchadas en forma previa a la toma de decisiones.
La dimensión política de la democracia comprende un aspecto conflictivo, esto es, la tensión entre diferentes puntos de vista con relación a las normas de pertenencia y de redistribución de los bienes sociales. Del resultado electoral dependerá la conformación del Congreso que en los próximos dos años articulará consensos y debatirá y decidirá la resolución de tensiones y conflictos.
[1] Cámara Nacional Electoral, Acordada Extraordinaria 205 de 2015









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