Educación

Opinion 11 de enero de 2021
Cerca de un millón y medio de alumnos abandonaron la escuela durante la pandemia. Un tercio de los niños del nivel primario en Salta no tuvo en 2020 ningún acceso a Internet, lo que afectó severamente su aprendizaje. Con esos datos en su agenda, el Ministro de Educación de la Nación inauguró en esta Provincia una gira por el Noroeste Argentino.
sin clases

No se ha disipado el riesgo del coronavirus, cuya propagación amenaza con intensificarse en este tiempo de vacaciones. Pero la situación no es preocupante por ese hecho; hay otras cuestiones que plantean mayores exigencias a los gobernantes. No se puede convocar a la ciudadanía a permanecer inactiva y encerrada, con niños y jóvenes paralizados por segundo ciclo lectivo consecutivo; tampoco ensayando un sustituto cuya eficiencia es cuestionada. 

"Padres Organizados" es una organización que desde agosto del año pasado viene reclamando el regreso a las aulas. Ha denunciado que un gran porcentaje de niños en Argentina no tiene acceso a computadoras ni a conectividad por lo que han comenzado a padecer un profundo déficit de aprendizaje, que alcanza a la pérdida de habilidades adquiridas; además, en general hay evidencias de problemas en la salud mental y física en todos los niños que fueron privados de la rutina de la actividad escolar.

El Observatorio Argentinos por la Educación, que se define como un espacio de encuentro creado alrededor de los datos del sistema educativo, ha informado que en Salta casi el 30% de los estudiantes de primaria no tiene acceso a internet. Son niños radicados en localidades lejanas a la Capital, que tampoco tienen un buen acceso a la telefonía celular por lo que resulta ocioso asegurar que en 2020 su proceso de formación fue sensiblemente dañado.

La escuela remota demostró durante el primer año de la pandemia que no le sirve –ni le gusta- a nadie: niños, jóvenes, padres, especialistas, líderes de distintos sectores sociales, entienden que no es una forma adecuada de formar dentro de un sistema que ya venía manifestando problemas en sus resultados. La pandemia solo los puso en evidencia, advirtiendo que hay una brecha digital que debe achicarse y que se debe mejorar hacia adentro una relación que debe ser virtuosa  entre quienes enseñan y quienes aprenden; además, se debe mejorar la infraestructura escolar.

Es cierto que lo que el Covid 19 no alteró es la tensión laboral entre una patronal que también es Gobierno y como tal responsable de la política educativa y los trabajadores, que son los docentes. La puja no cede ni en estas circunstancias en las que a pesar de la emergencia, los funcionarios prefirieron no acortar la obligada distancia para eludir el reclamo inalterable de quienes no abandonarían, en nombre de la suprema función que le confió la sociedad, su demanda de mayores salarios.

Aunque parece lejano, el cúmulo de decisiones que deben adoptarse acerca marzo más de la cuenta. Las familias están exigiendo escuelas abiertas y seguras.

La educación ya no podrá ser la tercera mención en los objetivos de los gobiernos, detrás de la salud y la economía. Es primera y ahora y así pareciera estar indicándolo la presencia del ministro nacional del ramo.

Salta, 11 de enero de 2021

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