Clave

Opinion 31 de diciembre de 2020
A 70 años de su formulación, las 20 verdades peronistas tuvieron una reactualización. Los militantes de ese sector podrían considerar lo que el Presidente de la Nación planteó a su cuestionado gabinete como un objetivo: hechos que deben tomarse para transformarlos en un dogma. En este día, el último de un año complicado, podría probarse como una tarea para todos, incluso para quienes no profesan apego alguno al peronismo.
alberto fernandez

En un tiempo desvertebrado por la incursión de un virus que tiene a mal traer al mundo, puede atenderse el esfuerzo presidencial por diseñar algo que se parezca a una doctrina dentro de la cual armar un programa de gobierno y establecer una hoja de ruta conceptual, como le expresara a su equipo de colaboradores. Si el intento es limitado, al menos permite asumir que estos condicionamientos son posibles razones de una decadencia que debe reconocerse y revertir.

A horas de haberse sancionado dos leyes de fondo, el mandatario nacional emuló al creador del llamado Movimiento Nacional Justicialista y para mantener erguida a una tropa con riesgo de disgregación impulsó el tratamiento de una serie de cuestiones que constituye una verdadera demanda social. Juan Domingo Perón consideraba que “la verdadera democracia es aquella donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés: el del pueblo”, según expresa  la primera de sus veinte verdades. 

La intención presidencial pareciera menos profunda, quizás porque en el actual contexto, las necesidades a satisfacer son más pedestres. Por ello es que pretende que se convierta en un dogma la afirmación que señala que con la tarjeta Alimentar se cuida a los que padecen hambre. En la Argentina, en plena pandemia, a nadie le faltó un plato de comida, señala la fundamentación de la versión de Alberto Fernández de la primera de sus propias verdades.

En realidad, lo que hizo con la formulación ordenada de una serie de afirmaciones es una rendición de cuentas de una dificultoso primer año de gestión. Es que es muy difícil encontrar un parangón entre sus realizaciones  y las expresiones de una doctrina que viene ordenando al país desde hace más de medio siglo. No hay correlato entre la cuarta indicación de su informe respecto que “ante la pandemia, y en tiempo record, se puso de pie un sistema de salud vapuleado y a ningún argentino le faltó la asistencia médica que necesitaba” y la cuarta verdad peronista de que “no existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”.

Mientras que el Frente de Todos, que actualmente conduce el gobierno, reivindica que “para preservar las fuentes del trabajo registrado se creó el ATP y al mismo tiempo se impulsó  la obra pública para favorecer que la economía no se detuviera”, otra verdad peronista asegura que “el trabajo es un derecho, y es un deber, porque es justo que cada uno produzca por lo menos lo que consume”.

Sin la pretensión de formular un apotegma como el que ubica primero a la Patria, después al Movimiento y luego a los hombres, las referencias presidenciales sintetizaron en 20 puntos las realizaciones alcanzadas en este tiempo, sin dejar afuera la renegociación de la deuda, la lucha contra la inflación y la asistencia a la pequeña y mediana empresa, incluso con créditos a tasa cero. 

Así cierra el 2020, con balance de gestión, con vacunación en marcha, con ajuste a los jubilados y aborto. Los que siguen en pie deben tomar estos datos y seguir. Esa es la clave. 

Salta, 31 de diciembre de 2020

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