El futuro de la economía

Opinion 27 de julio de 2020
Parece claro que el futuro de cada uno depende, en buena medida, de una combinación de esfuerzos y oportunidades, así como de la situación económica, cultural y social en la que se desenvuelven nuestras vidas.
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Podemos -cada uno- hacer  mucho por nosotros, por nuestras familias y por el prójimo.

Pero estamos inexorablemente atados a acontecimientos y decisiones externas. Me atrevería a afirmar que el futuro colectivo de los salteños será según se vayan resolviendo los grandes conflictos que están reconfigurando al mundo y, dentro de él, a la Argentina. 

La suerte de nuestros empleos y de nuestra producción (agropecuaria, agroindustrial, minera y turística) esta encadenada a la distribución de poderes y de mercados que esta decidiéndose en el tablero internacional.

Nuestro destino colectivo depende también de lo que hoy mismo se estudia, analiza y debate en Buenos Aires y en los centros donde radican los grandes poderes invictos de la Argentina. 

Lo singular, y lamentable, es que la Salta contemporánea está ausente de todos estos foros y ámbitos. Como quién dice, nos enteramos por la prensa de decisiones que terminan ocasionando el cierre de empresas locales, despidos, y la muerte de emprendimientos autóctonos. 

Los impuestos, los aranceles aduaneros, las inversiones públicas y privadas, el crédito, los manejos monetarios así como las reglas del trabajo y la producción se deciden sin contar con nosotros. O, lo que es lo mismo, en contra de nuestros intereses colectivos.

Padecemos esta irrelevancia junto con nuestras hermanas y hermanos del Norte Grande.

En este nuestro empobrecido y desigual Norte sufrimos las consecuencias de un absurdo engranaje que se dice federal pero que se mueve en base a pautas rigurosamente unitarias. 

El centro poderoso nos deja tener códigos provinciales de procedimiento (de pésima calidad, dicho sea de paso), feriados y otras chucherías, pero se reserva para si las palancas que impulsan el desarrollo o crean las condiciones básicas para avanzar hacia una sociedad del bienestar.

Todo esto viene sucediendo década tras década, ante la culpable negligencia y complicidad de nuestra clase gobernante y legislante. 

Seguimos en el ciclo del Norte Mendicante de subsidios. De ayudas de emergencia que impiden estallidos y, de paso, engordan a los que han descubierto la forma de lucrar con la pobreza colectiva.

La irrelevancia de Salta acontece bajo gobiernos de todos los signos ideológicos que se han sucedido, al menos, en lo que va del presente siglo.

De tanto rendir pleitesía a los barones unitarios, hemos ido perdiendo hasta la capacidad para diagnosticar nuestros problemas. Para identificar la raíz de nuestro subdesarrollo, de la pésima calidad de nuestras instituciones de gobierno y de justicia.

Pese a todo, Salta tiene reservas intelectuales y expertos en condiciones de diseñar propuestas para salir del atraso, para vigorizar su producción, para poner en marcha sus motores productivos y de empleo, para instalar el Federalismo (no como consigna gaucha, sino como un nuevo trato entre la Nación y el Norte Grande).

Pero muchos de estos expertos están escaldados, figuran en las listas negras de los gobernantes, o carecen de lo imprescindible para completar sus diseños.

La primera Reunión Abierta del Foro de Observación de la Calidad Institucional de Salta (FOCIS) -celebrada el pasado jueves-, me permitió corroborar que no todo está perdido. Que hay gente joven (y no tan joven) inquieta, valiente, preparada.

Una reserva humana tan importante como nuestros yacimientos mineros, nuestros bosques y ríos, o nuestra vocación de trabajo y sacrificio.

Ojalá podamos, entre todos, desatar lo que algunos -en oscuras mesas chicas- dejaron atado. Romper cadenas para defender nuestras libertades, nuestra producción, nuestro trabajo, para encaminarnos a un futuro de bienestar.      

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