Amistad

Opinion 20 de julio de 2020
Hasta 1979 no había en la Argentina ningún día que celebrara una virtud. El calendario de efemérides solo contemplaba una cantidad enorme de fechas patrióticas, militares y políticas. Por una iniciativa privada, el 20 de julio pasó a ser una de las fechas más celebradas porque rinde homenaje a la amistad. En las circunstancias actuales se erige en un riesgo por su masividad.
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El Día del Amigo  está incorporado a muchos calendarios en el mundo y hasta existe una versión internacional. Es la del 30 de julio, que desde el año 2011 fue decretado por la Asamblea General de Naciones Unidas el Día Internacional de la Amistad. En sus fundamentos se indicó que tiene como objetivo valorar la amistad entre los pueblos, los países, las culturas y las personas pueda inspirar iniciativas de paz y presentar una oportunidad de tender puentes entre las comunidades.

Con menos pretensiones nació el festejo de hoy. Su creador fue el argentino Enrique Ernesto Febbraro, un ignoto odontólogo y alto miembro de la masonería–además de músico y docente de filosofía e historia- quien resolvió rendir homenaje a la amistad, a la que consideraba como la virtud más sobresaliente porque “es desinteresada de todas maneras”. La fecha escogida fue la de la llegada del hombre a la Luna, circunstancia que lo conmocionó de manera tal que saludó a mil personas de todo el planeta, en tiempos que la comunicación no era ni tan fluida ni tan instantánea como actualmente. La potencia de su propósito aseguró su éxito aunque haya tenido que esperar una década para imponerlo.

La naturaleza de la celebración convoca a todos. Es que aún en un exilio, con un océano de por medio, nadie está solo si inicia un vínculo con otra persona y empieza de nuevo con la ayuda de un amigo. Las particularidades del festejo llevan a que haya un impulso por la reunión en casas, bares o restaurantes para brindar por la amistad. Y no son tiempos para el acercamiento de personas. Una parte importante de la transmisión del Covid 19 se produce debido a la realización de actividades sociales en las cuales no se respeta el distanciamiento social, y el mayor el riesgo se da en las aglomeraciones, principalmente en lugares cerrados.

Tal es lo que señala el Decreto de Necesidad y Urgencia 605, sancionado el sábado último por el Poder Ejecutivo Nacional, en cuyos considerandos se señala que ningún país del mundo ha logrado aún controlar definitivamente la pandemia, por lo que no puede todavía validarse en forma categórica ninguna estrategia adoptada, especialmente cuando las realidades sociales, económicas y culturales introducen aún mayores complejidades. Por este motivo se debe continuar en el diseño de una estrategia nacional específica para atender las urgencias y los desafíos que demanda una situación epidemiológica con características inusitadas. Y, por ahora, se ha dispuesto mantener estrictas medidas de distanciamiento, cuyo cumplimiento tiene en esta jornada una prueba de fuego.

Cuando hace casi una década la ONU instauró la celebración internacional, consideró que la amistad era una de las formas como se expresa la solidaridad, que debe fomentarse para atajar las causas que provocan los desafíos, crisis y fuerzas divisorias —pobreza, violencia, violaciones de los derechos humanos— que amenazan la paz, la seguridad, el desarrollo y la armonía social entre los pueblos del mundo y dentro de sí mismos. 

Ello da razones para que una pandemia con la gravedad de la actual, sea un motivo más para enaltecer en esta fecha la virtud de la amistad. Es la que consolidará la responsabilidad social que se demanda para que uno cuide de sí y del otro y armar entre todos la barrera para frenarla.

Salta, 20 de julio de 2020

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